APARECIÓ EN MI VENTANA apareció en mi ventana | Seite 20

ves que se podía haber ahogado con una miga? —Descuide, señora. No volveré a hacerlo. Al cabo de un rato, Sabina entró en mi habitación. Se acercó hasta mí y se quedó mirándome seriamente con los brazos en jarras. —¿Te parece bien darle pan a Jesús Jerónimo? —me preguntó. —Es que… no tengo hambre. Además… no me gusta el jamón serrano. —La próxima vez no volveré a encubrirte —añadió—. Me he ganado una buena regañina por tu culpa. —Perdóname, Sabina, no lo volveré