APARECIÓ EN MI VENTANA apareció en mi ventana | Page 196
invierno.
Mi madre en persona se ocupó de
buscarle una alfombra y unos cuantos
cojines, para que se sintiese cómodo. Mi
padre le llevó el periódico, a pesar de
que aún no lo había terminado de hojear.
Las mellizas, después de observarlo
durante mucho tiempo, se decidieron a
acariciarlo y, al comprobar que él se
dejaba acariciar, se acercaron a mí
sonrientes.
—¿Cómo se llama, Gil? —me
preguntó una de ellas.
—Mukusuluba.
—Pero… ¿no tiene un nombre? ¿No
le has puesto tú ningún nombre?