APARECIÓ EN MI VENTANA apareció en mi ventana | Page 178

y traté de arreglar aquel desaguisado. Serraba y medía, volvía a medir y volvía a serrar, así hasta que llegó un momento en que cada una de las seis sillas del salón tenía una altura diferente. Estaba nervioso porque llevaba mucho tiempo solo y alguien estaría a punto de llegar a casa. Por eso dejé las sillas como estaban, bien colocadas alrededor de la mesa, y recogí el serrucho, los pedazos de madera y el serrín que había caído al suelo. Afortunadamente, todos se retrasaron aquella tarde y tuve tiempo, incluso, de lavarme las manos y la cara