APARECIÓ EN MI VENTANA apareció en mi ventana | Page 177
Y así, una a una, serré las patas de
las cinco sillas que quedaban. Cuando
terminé con la última, coloqué las seis
en fila y comprobé preocupado que no
todas tenían la misma altura. Sin duda,
con las prisas, había serrado unas patas
más arriba que otras.
Traté de poner remedio y volví a
serrar las patas de las sillas más altas.
Me pesaba el brazo como si fuese de
piedra y sudaba a chorros por la frente.
Cuando terminé de nuevo, volví a
colocar las sillas en fila y descubrí, con
horror, que las que antes eran más altas
ahora eran más bajas, y viceversa.
Por tercera vez, empuñé el serrucho