APARECIÓ EN MI VENTANA apareció en mi ventana | Página 153
C UANDO LLEGUÉ A MI casa cargado con
aquel haz de leña, comencé a sentir una
gran preocupación.
—¿Te ayudamos a subirlo? —me
preguntó Riky.
—No, gracias, puedo yo solo.
No cogí el ascensor y subí andando
hasta mi piso. Frente a la puerta de mi
casa, respiré un par de veces
profundamente y llamé al timbre. No
sabía qué excusa buscar, pero es que
además prefería no pensar en ello y
confiaba en que en el último segundo se
me ocurriese algo brillante.
Abrieron la puerta las mellizas.