APARECIÓ EN MI VENTANA apareció en mi ventana | Seite 136
antes. Eso sí, había decidido que mi
colección de Asterix sería intocable.
«¡Los Asterix no!», me repetía una y
otra vez.
Y los libros fueron desapareciendo
poco a poco de la estantería.
Entrañables amigos, como el pequeño
Nicolás, como Vania el forzudo, como
Konrad, como Saltodemata, como los
batautos, como Elvis, como el abuelo
Virilo y la abuelita Opalina, como
Atreyu, como Timo, como Feral, como
Lavinia… fueron triturados sin piedad
por las incansables y robustas
mandíbulas del mukusuluba.
Angustiado, imaginaba el estómago