Anuario Northfield 2012 - N° 2 | Page 65

Editorial SER Y SENTIRSE DOCENTE D esde hace más de dos décadas me desempeño en ámbitos educativos con distintos roles y responsabilidades. He tenido la oportunidad de conocer modelos educativos de otros países. Y como la gran mayoría de las personas y durante muchos años de mi vida, mi primeras experiencias con docentes fueron en mi rol de alumno. De todas esas experiencias aprendí que para ser docente es preciso estudiar para lograr alguna de las muchas titulaciones o certificaciones que se otorgan para poder trabajar en instituciones públicas o privadas, de educación formal o informal. Pero solo la experiencia, la observación y el trabajo compartido con infinidad de colegas me enseñaron otra verdad. El sentirse docente no se otorga en ninguna parte. Aquí podríamos preguntarnos si se nace o se hace. En lo personal, creo que ambas cosas. Y cuando una no se da, la otra puede compensarla. Pero algo de ambas debe haber.El día que en cualquier carrera nos entregan un título, nos habilitan a ejercer. Pero la carrera no termina ahí, apenas empieza. De allí en más las capacitaciones, el estudio, la actualización, la reflexión y revisión de las prácticas son cruciales para un mejor desempeño. Este proceso de actualización constante es tan necesario en la docencia como en la medicina. Si supiéramos que el médico que nos va a atender se recibió hace cinco, diez o veinte años y que desde entonces no se actualizó ni realizó ninguna actividad que lo haya acercado a nuevas prácticas, seguramente huiríamos despavoridos. Mucho más si la institución que lo contiene no le planteara esa misma necesidad. Justamente eso creo que es el sentirse docente: saber que siempre tenemos algo por aprender. Sentirse docente es brindarse, estar dispuesto al cambio, recono