Editorial
SER Y SENTIRSE DOCENTE
D
esde hace más de dos décadas me desempeño en
ámbitos educativos con distintos roles y responsabilidades. He tenido la oportunidad de conocer modelos
educativos de otros países. Y como la gran mayoría de las
personas y durante muchos años de mi vida, mi primeras
experiencias con docentes fueron en mi rol de alumno.
De todas esas experiencias aprendí que para ser docente
es preciso estudiar para lograr alguna de las muchas
titulaciones o certificaciones que se otorgan para poder
trabajar en instituciones públicas o privadas, de educación formal o informal.
Pero solo la experiencia, la observación y el trabajo
compartido con infinidad de colegas me enseñaron otra
verdad. El sentirse docente no se otorga en ninguna parte.
Aquí podríamos preguntarnos si se nace o se hace. En lo
personal, creo que ambas cosas. Y cuando una no se da,
la otra puede compensarla. Pero algo de ambas debe
haber.El día que en cualquier carrera nos entregan un
título, nos habilitan a ejercer. Pero la carrera no termina
ahí, apenas empieza. De allí en más las capacitaciones,
el estudio, la actualización, la reflexión y revisión de las
prácticas son cruciales para un mejor desempeño. Este
proceso de actualización constante es tan necesario en
la docencia como en la medicina. Si supiéramos que el
médico que nos va a atender se recibió hace cinco, diez
o veinte años y que desde entonces no se actualizó ni
realizó ninguna actividad que lo haya acercado a nuevas
prácticas, seguramente huiríamos despavoridos. Mucho
más si la institución que lo contiene no le planteara esa
misma necesidad. Justamente eso creo que es el sentirse
docente: saber que siempre tenemos algo por aprender.
Sentirse docente es brindarse, estar dispuesto al cambio,
recono