Interés general
DAR PARA LEER
“
Sabemos que los primeros recuerdos generalmente
aparecen asociados a olores, a gustos, a sensaciones
visuales. En mi caso, los primeros recuerdos de libros
—cuentos de hadas que me leía mi mamá— están unidos
al rojo brillante y transparente, al gusto entre ácido y
dulzón, y a la especial contextura de la jalea de membrillo
que yo chupaba del pan flauta mientras mi mamá me leía.
El libro del que salían los cuentos no tenía dibujos. Pero
allí estaba, yo la veía, aquella nena chiquita, navegando
adentro de una cáscara de nuez, en un plato lleno de
agua”.
Graciela Cabal, 2001
Cuando los lectores nos proponemos buscar en nuestra
memoria los primeros contactos con los libros, difícilmente encontremos explicaciones desde lo racional. En
cambio, como en el relato de Graciela Cabal, aparecen
huellas que provienen de nuestras primeras experiencias
estéticas, de esas prácticas tempranas de lectura que
quedaron grabadas en el inconsciente y que han ido construyendo nuestros caminos como lectores.
Un abuelo y su nieto que cuenta cuentos, una madre leyendo un libro antes de ir a dormir, un hermano mayor que
no puede dejar de leer y que nos intriga o nos convida con
un fragmento de novela, una maestra relatando una historia, un aula con niños en el piso mirando libros… todas
estas escenas son las que dejan huella, las que quedarán
en la memoria de los chicos y que los ayudarán a transitar
su camino como lectores. Y en todas las descripciones
que acabamos de recorrer siempre, siempre hay un adulto
que lleva a los chicos de la mano por ese recorrido. No
hay niños solos, hay adultos iniciando desde la cuna el
viaje hacia los libros. Podríamos preguntarnos por qué es
tan importante iniciar ese viaje, dado que vivimos en un
mundo que ha sufrido tantas transformaciones y avances
desde lo tecnológico. Michelle Petit, una investigadora
francesa sobre la lectura, nos da una respuesta: un lector
es trabajado por sus lecturas, y con esto quiere decir que
los sujetos se constituyen y conforman su identidad en
la intersubjetividad, en la relación con los otros. A partir
de las experiencias de lectura, de su conocimiento de los
otros, de otros lugares y de otros tiempos, van conformando su propia identidad y se insertan en su propia
cultura.
Otra pregunta que nos solemos hacer es qué les damos de
leer. Y la respuesta es bastante sencilla. Tomarnos tiempo
en la selección de libros, que los recorramos y busquemos
historias que nos conmuevan, que nos resulten atractivas e interesantes. Si un libro destinado a los niños nos
provoca esto a nosotros, los adultos, difícilmente no lo
hará en un niño.
Los libros con imágenes merecen un comentario particular, porque las ilustraciones en un libro se “leen” de
la misma manera en que lo hacemos con las palabras.
Las imágenes aportan significados a la historia que
estamos leyendo, no son elementos meramente decorativos. Entonces, al elegir un libro con imágenes, debemos
observarlas y “leerlas” cuidadosamente porque, en ellas
y en su calidad, también está el secreto de acercar los
libros a los niños.
Por Laura Giussani*
* Laura Giussani es Licenciada en Letras (UBA) y actualmente trabaja como Coordinadora del área de LIJ del Grupo Macmillan. Además es presidenta de ALIJA (Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina) y es Asesora de Prácticas del
Lenguaje en Northfield School.
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