Anuario Northfield 2012 - N° 2 | Page 64

Interés general DAR PARA LEER “ Sabemos que los primeros recuerdos generalmente aparecen asociados a olores, a gustos, a sensaciones visuales. En mi caso, los primeros recuerdos de libros —cuentos de hadas que me leía mi mamá— están unidos al rojo brillante y transparente, al gusto entre ácido y dulzón, y a la especial contextura de la jalea de membrillo que yo chupaba del pan flauta mientras mi mamá me leía. El libro del que salían los cuentos no tenía dibujos. Pero allí estaba, yo la veía, aquella nena chiquita, navegando adentro de una cáscara de nuez, en un plato lleno de agua”. Graciela Cabal, 2001 Cuando los lectores nos proponemos buscar en nuestra memoria los primeros contactos con los libros, difícilmente encontremos explicaciones desde lo racional. En cambio, como en el relato de Graciela Cabal, aparecen huellas que provienen de nuestras primeras experiencias estéticas, de esas prácticas tempranas de lectura que quedaron grabadas en el inconsciente y que han ido construyendo nuestros caminos como lectores. Un abuelo y su nieto que cuenta cuentos, una madre leyendo un libro antes de ir a dormir, un hermano mayor que no puede dejar de leer y que nos intriga o nos convida con un fragmento de novela, una maestra relatando una historia, un aula con niños en el piso mirando libros… todas estas escenas son las que dejan huella, las que quedarán en la memoria de los chicos y que los ayudarán a transitar su camino como lectores. Y en todas las descripciones que acabamos de recorrer siempre, siempre hay un adulto que lleva a los chicos de la mano por ese recorrido. No hay niños solos, hay adultos iniciando desde la cuna el viaje hacia los libros. Podríamos preguntarnos por qué es tan importante iniciar ese viaje, dado que vivimos en un mundo que ha sufrido tantas transformaciones y avances desde lo tecnológico. Michelle Petit, una investigadora francesa sobre la lectura, nos da una respuesta: un lector es trabajado por sus lecturas, y con esto quiere decir que los sujetos se constituyen y conforman su identidad en la intersubjetividad, en la relación con los otros. A partir de las experiencias de lectura, de su conocimiento de los otros, de otros lugares y de otros tiempos, van conformando su propia identidad y se insertan en su propia cultura. Otra pregunta que nos solemos hacer es qué les damos de leer. Y la respuesta es bastante sencilla. Tomarnos tiempo en la selección de libros, que los recorramos y busquemos historias que nos conmuevan, que nos resulten atractivas e interesantes. Si un libro destinado a los niños nos provoca esto a nosotros, los adultos, difícilmente no lo hará en un niño. Los libros con imágenes merecen un comentario particular, porque las ilustraciones en un libro se “leen” de la misma manera en que lo hacemos con las palabras. Las imágenes aportan significados a la historia que estamos leyendo, no son elementos meramente decorativos. Entonces, al elegir un libro con imágenes, debemos observarlas y “leerlas” cuidadosamente porque, en ellas y en su calidad, también está el secreto de acercar los libros a los niños. Por Laura Giussani* * Laura Giussani es Licenciada en Letras (UBA) y actualmente trabaja como Coordinadora del área de LIJ del Grupo Macmillan. Además es presidenta de ALIJA (Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina) y es Asesora de Prácticas del Lenguaje en Northfield School. 64