Romeo César – Antígona y el retorno de la Esfinge
comunicando sin palabras golpeaba lo humano. Un sonido anómalo al que se prefiere no oír, y del que prima facie nada o poco se puede decir, salvo resaltar su carácter inquietante y perturbador. Una música que era preanuncio del desastre, o del daño irreparable, o de la violencia homicida, o del golpe mortal.
Sin embargo,- y esto hemos de tomarlo muy en cuenta – también podía esa música convertirse en preanuncio del golpe de la fortuna, de la vida feliz( o eudaimonía), de un cambio de suerte o del pase a un estatuto vital y social diferente y mejor. Su ruido, entonces, al quedar indefinido, abría posibilidades formidables: algunas inquietantes y aterradoras, otras, en cambio, venturosas y de buen agüero. El golpe“ daimónico”( de lo real) no siempre implicaba que era para mal. Era siempre, eso sí, hermético, enigmático, dual. Del orden de lo oracular 7.
ción ritual( katharsis), curación( iatreia), alivio( kouphisma), o simplemente la alegría inocente, que no daña( khara ablabe). Entre las patéticas y las éticas pueden situarse las músicas que producen enthousiasmós, entusiasmo. Esto último ha producido confusión pues en algunos pasajes de la obra aristotélica las entusiásticas son sinónimas de las patéticas. De todos modos, en Política 1340 a 11-12 hablando de melodías éticas, como las de Olimpo, que producen almas entusiastas, sostiene que“ el entusiasmo es una conmoción anímica( pathos) del carácter( ethos) relativo al alma”. Por tanto, según este pasaje, el entusiasmo es un pathos ético, una conducta que marca el alma griega, al menos en ciertos momentos o experiencias de su vida de duración variable( incluso efímera). El entusiasmo es especie del género patético, como el miedo, la tristeza o la congoja. Pero es una conmoción anímica distinta por su intensidad, por la circunstancia en que se inserta( en general, ritual), por el tipo de música arrebatadora( sagrada) que lo produce, por el objetivo que se persigue al suscitarla. Asimismo, no es un pathos para todos; sólo para algunos.
7 Así expone E. R Dodds la ambivalencia de los daimones( Los griegos y lo irracional,
Madrid, Alianza, 1999, 24):“ Pero el rasgo más característico de la Odisea es el modo en que sus personajes atribuyen toda suerte de acontecer mental( así como físico) a la intervención de un demonio,‘ dios’ o‘ dioses’ innominados e indeterminados. Estos seres vagamente concebidos pueden inspirar valor en una crisis o privar a un hombre de su entendimiento, exactamente como lo hacen los dioses en la Ilíada. Pero reciben además el crédito de una amplia esfera de intervenciones que podemos llamar de modo laxo,‘ moniciones’.
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