Cuentos de Edgar Allan Poe
-Si hubiese estado muerto, como dice usted-replicó el conde-, lo más probable es que continuara estándolo; pero veo que se hallan ustedes en la infancia del galvanismo y no son capaces de llevar a cabo lo que en nuestros antiguos tiempos era práctica corriente. Por mi parte, caí en estado de catalepsia y mis mejores amigos consideraron que estaba muerto o que debía estarlo; me embalsamaron, pues, inmediatamente, pero … supongo que están ustedes al tanto del principio fundamental del embalsamamiento.
- ¡ De ninguna manera!
- ¡ Ah, ya veo! ¡ Triste ignorancia, en verdad! Pues bien, no entraré en detalles, pero debo decir que en Egipto el embalsamamiento propiamente dicho consistía en la suspensión indefinida de todas las funciones animales sometidas al proceso. Empleo el término « animal » en su sentido más amplio, incluyendo no sólo el ser físico, sino el moral y el vital. Repito que el principio básico consistía entre nosotros en suspender y mantener latentes todas las funciones animales sometidas al proceso de embalsamamiento. O sea, que, en resumen, cualquiera fuese la condición en que se encontraba el sujeto en el momento de ser embalsamado, así continuaba por siempre. Pues bien, como afortunadamente soy de la sangre del Escarabajo, fui embalsamado vivo, tal como me ven ustedes ahora.
- ¡ La sangre del Escarabajo!-exclamó el doctor Ponnonner.
-Sí. El Escarabajo era el emblema, las « armas » de una distinguidísima familia patricia muy poco numerosa. Ser « de la sangre del Escarabajo » significa sencillamente pertenecer a dicha familia cuyo emblema era el Escarabajo. Hablo figurativamente.
-Pero, ¿ qué tiene eso que ver con que esté usted vivo?
-Pues bien, la costumbre general en Egipto consiste en extraer el cerebro y las entrañas del cadáver antes de embalsamarlo; tan sólo la raza de los Escarabajos se eximía de esa práctica. De no haber sido yo un Escarabajo, me hubiera quedado sin cerebro y sin entrañas; no resulta cómodo vivir sin ellos.
-Ya veo-dijo Mr. Buckingham-, y presumo que todas las momias que nos han llegado enteras son de la raza del Escarabajo.
-Sin la menor duda.
-Yo había pensado-dijo tímidamente Mr. Gliddon- que el Escarabajo era uno de los dioses egipcios.
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