AMER Mexico Rural Tomo VI AMER Mexico Rural Tomo IV | Seite 39
30
MALIN JÖNSSON
El dominio de las agroindustrias transnacionales sobre los campesinos de maíz mexicanos
Por el uso de herbicidas, ya no se puede cultivar los frijoles con el maíz
como tradicionalmente se hacía porque también los matan. En consecuencia,
el cultivo del maíz se está volviendo un monocultivo, aunque se lo siembra en
un terreno relativamente chico, donde los fertilizantes y agroquímicos eliminan
cada vez más los nutrientes naturales de la tierra, según los campesinos. De
modo que la degradación del medio ambiente resulta en un incremento de la
dependencia en un ciclo vicioso donde hay que utilizar cada vez más fertilizantes
y agroquímicos para alcanzar el mismo resultado. Uno de los agroquímicos que
utilizan los entrevistados para quitar maleza es la Hierbamina (de Syngenta),
y para las plagas se utilizan distintos venenos, como Tamaron, propiedad de
Bayer. Además, las semillas vienen preparadas con químicos para que no se
las coman los animales, como los pájaros y los gusanos, antes de empezar a
crecer. Monsanto, Syngenta y Bayer tienen un papel creciente en la producción
agrícola local, beneficiadas por el marco legal internacional de la OMC y la
implementación de las políticas neoliberales en México.
De esta manera, se ha abierto otro espacio para la acumulación del capital,
que no beneficia a los campesinos: así como con las semillas, las ganancias
se exportan. Otro problema de los fertilizantes, como ya vimos más arriba
a nivel nacional e internacional, es el drástico aumento de precios desde la
privatización de la paraestatal Fertimex, de acuerdo con los entrevistados.
“Antes los fertilizantes estaban bien baratos; cuando se empezaron a echar
estaba bien barato, pero hoy están muy caros” (Raúl, productor de maíz,
Tonatico, 2010). Esto es resultado del mercado concentrado y centralizado
por pocas agroindustrias transnacionales que pueden controlar y aumentar
los precios cuando los fertilizantes ya se han vuelto indispensables para la
producción agrícola.
Los campesinos entrevistados refirieron haber tenido que invertir entre
14,000 y 19,000 pesos por hectárea en el cultivo del maíz (incluyendo todo el
paquete tecnológico, pero la mayor parte se invierte en fertilizantes) y que al
vender el grano se les pagaba un promedio de 3.5 pesos por kilogramo, con un
promedio de rendimiento de 2.36 toneladas por hectárea cultivada (Sagarpa,
2010). 6 Con estas cifras, se entiende que la ganancia por la cosecha (8,260 pesos/
ha), aunque vendan todo, es mucho menor que la inversión. En consecuencia,
si bien estos agricultores tienen acceso al paquete tecnológico, no obtienen
precios suficientemente altos para sobrevivir de la venta de su producción
agrícola, lo que se relaciona con el intercambio desigual con los productos
provenientes de Estados Unidos por el “libre” comercio implementado en el
marco de la OMC y el TLCAN.
6
Esta cantidad de Sagarpa es bastante más baja que la mencionada por los campesinos [8-10 ton/ha].