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268 MARÍA ISABEL MORA LEDESMA De trashumantes a sedentarios. Una perspectiva de la cultura pastoril al grupo y genera sistemas de reciprocidad y ayudas mutuas entre las familias, parientes y vecinos. Las chivas permanecen semi-estabuladas, en la noche pernoctan en el corral y de día se sacan a pastorear a las inmediaciones del rancho. La alimentación se complementa con nopal, maguey, palma y rastrojo (si tuvieron cosecha) y algunos tienen que comprar el alimento. Este periodo se alarga hasta el inicio de las lluvias las cuales son muy inciertas y pueden prolongarse hasta los meses de junio-julio. Con las lluvias inicia la siembra del maíz y frijol para autoconsumo. Es el periodo de la incertidumbre y de la esperanza de ahí el dicho de algunos chiveros: “El que siembra y cría gana de noche y de día”. Con las lluvias proliferan los matorrales y los pastos y con ello el ciclo del alimento. 4. El territorio trashumante El territorio ganadero en el norte de San Luis Potosí un espacio construido histórica y socioculturalmente en función de la distribución de tierras por los distintos gobiernos que se ha ido desarrollando en un espacio discontinuo y diferenciado, en términos de la tendencia ganadera. Desde esta perspectiva el altiplano potosino, se conforma como el territorio en donde más 17 mil familias viven de la producción de cabras. Efectúan movilidades anuales a ecosistemas más benignos, resultado de las bajas precipitaciones y períodos muy prolongados de sequía. El cuidado, traslado y organización de los rebaños se realiza en forma familiar con fuertes apoyos de parentesco. En esta zona, cada localidad tiene derecho al uso del territorio y por ende a sus recursos naturales -pastos, aguajes, fauna y flora- dentro del régimen ejidal, por lo que la estructura de administración y distribución de las tierras está vinculada a la distribución de esos recursos naturales. El territorio ganadero cubre una extensión de 1, 607,968 hectáreas, espacio donde en el año de 1990 pastaban un promedio de un millón de cabras, después de dos décadas se cuantificaban entre 600,000 y 400.000 cabezas, con una fuerte tendencia a su disminución.