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232 JOSÉ ARTURO HERRERA LEÓN La resistencia campesina en el Valle del Mezquital: el caso de la cementera Santa Anita Nuestra creencia existen en cualquier parte, son reales, son una piedritas que van formadas como soldadito, y si te llegas a cruzar hay unos rituales para curarse, hay que darle de comer, se le va a dejar a donde ellos creen, esos es lo que desde nuestro antepasado creían, como el dios del aire, el dios del viento, el dios del agua, eso es lo que se creía, la luna para saber cuándo sembrar. El español lo vino a quitar con capilla e iglesias pero son cosas reales de esta tierra. Eso existe, a mí me ha tocado darle de comer a esas piedras y mi tía fue la que me tuvo que curar. Como las cuadrillas de niños que se tienen que juntar para ir a darle de comer a las piedras. Los baré, es un ritual, es una creencia para que con un cuerno de chivo, caminar para hacer nuestra historia, y eso lo transformamos como fiesta, la gente tiene fe en su tierra, nuestras creencias son muy valiosas para mantenernos unidos, para compartir, los baré son los soldados, traen su música, unas banderas, luego en esta fiesta es ir casa por casa, te arrodillas, te dan chicotazos, se recolectan animales, para hacer sacrificios, para llevarlo a los mayordomos, y la sangre que se recolecta se deja en una cueva, una ofrenda que se hace al mal, para dar de comer, para tener armonía (Entrevista, marzo de 2014). En este sentido es pertinente hacer referencia a lo que se siente desde la vida cotidiana con los actores sociales de las comunidades de Santiago de Anaya, en un intento por poner el cuerpo en el mismo proceso de investigación, y tratar de dilucidar los resortes de la rebelión campesina e indígena. De acuerdo con los recorridos constantes que he realizado con un grupo de académicos entre ingenieros, agrónomos, sociólogos y antropólogos además de periodistas interesados en comprender la problemática en Santiago de Anaya, hemos podido constatar el deterioro al medio ambiente que ha producido la cementera, sobre todo a la vida biótica que se encuentra en el lugar. De igual forma, el daño a las casas que visitamos es evidente y las explosiones efectivamente son una constante por la noche. Otro de los reclamos recientes de la población es la afectación por los postes de luz que se han instalado para la cementera y se ha dado un fuerte reclamo para que se paguen indemnizaciones y frenar el avasallamiento de los caminos. En lo que respecta a la flora y fauna, pudimos recoger los sentires de la gente del lugar, al acabarse las fuentes de alimentos de familias que aún se dedican a recolectar la vida silvestre. Al recorrer las milpas, las pequeñas partículas forman una capa grisácea e incluso campesinos de San Salvador se han quejado por esta situación. Todas estas afectaciones ya habían sido señaladas por el geólogo Alejandro Cabrera 9 , cuando en noviembre de 2012, Véase, Rechazan cementera en Hidalgo. La Jornada 12 de noviembre de 2012. 9