JOSÉ ARTURO HERRERA LEÓN La resistencia campesina en el Valle del Mezquital: el caso de la cementera Santa Anita
231 jornaleros agrícolas, burócratas, obreros, etc., cuando se confrontan a los grupos de poder, el modo de vida campesino en sus diferentes vertientes – económicas, políticas y socioculturales- es un factor determinante en la resistencia de las clases dominadas. Como apunta Sergio Sarmiento( 1991: 229):“ Quien vea de lejos o pase de prisa por el territorio del Valle del Mezquital, difícilmente podrá darse cuenta de la lucha que desarrollan la mayoría de sus habitantes y que, como río subterráneo, sólo espera el momento oportuno para irrumpir a la manera de geiser”.
De acuerdo a los megaproyectos y el desarrollo que impera en el Valle del Mezquital, existe un momento de quiebre donde los actores del mundo rural perciben una serie de cambios abruptos en sus mundos de vida. El que de repente se transformen sus condiciones materiales y espirituales, hace que la resistencia se articule desde lo socialmente construido y al mismo tiempo la memoria colectiva juegue un papel relevante en las demandas de las comunidades campesinas e indígenas hñähñu.
El reivindicar la identidad cultural como un elemento que guarda una fuerte raigambre histórica, para hacer frente a la cementera Santa Anita, el hacer uso de estos repertorios culturales, tuvieron su impronta en la manera de hacer política desde la etnicidad. La movilización popular utiliza formas donde lo festivo y carnavalesco toma un cariz contestatario. La formación de lazos de solidaridad y redes entre las propias comunidades, deja una huella en la articulación de sus respuestas. Las prácticas sociales comunitarias y la conciencia del agravio que se han reafirmado, son la posibilidad que abrió su enfrentamiento a un poderoso enemigo que amenaza, según sus palabras, con desaparecerlos.
Según Bolívar Echeverría( 2011), la emergencia del ethos barroco surge por la exigencia para alcanzar una modernidad poscapitalista. Lo que resulta interesante de la propuesta del autor, es la negativa al folclor y esencialización de las identidades indígenas, y el énfasis en el mismo sentido, del carácter carnavalesco, complejo y abigarrado de las luchas actuales. La espera por el fin de un periodo tiene su reverso en lo que Armando Bartra( 2011:1) llama pathos grotesco:“ el inesperado fin de los tiempos – de nuestros tiempos- dramatiza lo efímero de la modernidad.” Si por un lado las comunidades temen el poder inexorable de los ciclos, por otro los afrontaban de manera burlesca. He ahí la enseñanza de ese pathos en las luchas actuales y ese ethos barroco en los mundos de vida cotidiana, como nos comparte Don Alfonso: