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KATHIA NÚÑEZ PATIÑO
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CECILIA ALBA VILLALOBOS
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CLAUDIA MOLINARI MEDINA
Bases teóricas para el estudio de la niñez y los centros de atención a la infancia indígena
explícitas” (Rogoff, 1993: 97). Aquí, la interacción y los arreglos o disposiciones
entre niños y sus cuidadores son la base de la discusión. Las estrategias de los
niños son complementadas en la interacción adulto-niño, donde el niño está
en una inmersión gradual para su adquisición de las habilidades y creencias
propias a su sociedad. Esta mirada es útil para el estudio de la construcción de
las identidades, porque no sólo nos guía en el análisis de las relaciones entre
niños y adultos, sino que enfatiza que éstas se encuentran condicionadas al
contexto cultural. Al atender los contextos de los pueblos originarios, Ruth
Paradise señala que en:
las prácticas educativas de diferentes grupos indígenas de América, se evidencia
que la educación no escolar, basada en la observación y en la participación de
actividades cotidianas, no constituye un simple fenómeno espontáneo, sino
que se trata de prácticas educativas sistemáticas, probadas a través del tiempo,
que han evolucionado y que son altamente efectivas (Paradise, 2011: 42).
Al describir la participación de los niños pequeños mayas yucatecos en
su mundo, Suzanne Gaskins advierte que:
El acto de simplemente describir la actividad de los niños sin tomar en cuenta
los principios culturales de la participación que definen el contexto podría
conducirnos a malentendidos de consideración en la interpretación de los
significados de la actividad (Gaskins, 2010: 40).
Por lo que es crucial reconocer las diversas infancias que se manifiestan en
los contextos culturales concretos, atendiendo a lo que Patricia Medina (2007)
nos advierte, producto de la historicidad de los contextos de las colectividades
implicadas en la configuración de prácticas identitarias específicas. Estas
prácticas se expresan en las actividades cotidianas que Ruth Paradise (2011)
resalta de los contextos indígenas, en el compartir, colaborar y contribuir,
las cuales no sólo son acumulación de conocimientos y habilidades, sino
experiencia emocional y atracción del contexto social en el que se realizan.
En el caso particular de los contextos indígenas, de acuerdo con Corona
y Linares, la lógica cultural de los pueblos originarios parte de una noción de
pertenencia a la colectividad donde la infancia tiene una presencia activa en
todos los espacios, por lo que la noción de participación:
implica que el sujeto se sienta parte de algo más amplio […] incluso se
espera que las nuevas generaciones cooperen, se coordinen e integren en
actividades colectivas que tienen que ver con el ‘bien común’, aun cuando