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KATHIA NÚÑEZ PATIÑO l CECILIA ALBA VILLALOBOS l CLAUDIA MOLINARI MEDINA Bases teóricas para el estudio de la niñez y los centros de atención a la infancia indígenA Por lo tanto, se genera el concepto del adultocentrismo, retomado de la perspectiva del patriarcado, el cual remite a: Un sistema de relaciones que tienden a naturalizar el ser niño/a o adulto, como si ciertas actitudes, actividades y modos de relacionarse con el mundo, fuesen solo de adultos o de niños. En un régimen adultocéntrico, la infancia sería pues el espacio de la ajenidad, de la otredad, de la exclusión en distintas esferas de la vida social (Moscoso, S/F: 4). Sin embargo, este vínculo entre la teoría feminista y los estudios sobre la infancia hay que tratarlo con cuidado y no realizar paralelismos simplistas, ya que esta nueva mirada hacia los niños, también puede traer nuevas aportaciones a sus teorías, porque como bien apunta María Fernanda Moscoso, sus discusiones aún mantienen visiones adultocéntricas, por lo que: Mantener a los niños fuera de la vista en la investigación puede perpetuar a mantener invisibles una serie de problemas de las mujeres. La insistencia en la maternidad como un problema de elección sigue relegando a los niños al espacio privado, doméstico, que aún se concibe como responsabilidad de las mujeres. El feminismo, para sus propios fines, necesita mirar críticamente su concepción de los niños y de la infancia (Moscoso, S/F). Estos estudios disciplinarios son relevantes al destacar la agencia de los niños y las niñas; sin embargo, nos parece que son, los estudios interdisciplinarios (De León, 2010, Frisancho, et. al., 2011) donde se proponen ideas y formas novedosas para desarrollar la investigación con la niñez. Destacan los estudios articulados con la sociología, la antropología social y cultural, la lingüística, la educación y la psicología cultural, que han dirigido su atención a diversos ejes de análisis: el papel crítico que juega la lengua en la creación de identidades en las culturas de la niñez, los niños como agentes socializadores, el reconocimiento de sus espacios de creatividad y producción cultural y la diversidad de infancias (De León, 2010). Entre estos estudios se destaca el trabajo teórico de Barbara Rogoff que, desde la psicología cultural, se centra en cómo la socialización de los niños se da con su participación en las actividades cotidianas con la guía de los adultos, de tal forma que propone el concepto de participación guiada. Este concepto se define como “un proceso en el que los papeles que desempeñan el niño y su cuidador están entrelazados, de tal manera que las interacciones rutinarias entre ellos y la forma en que habitualmente se organiza la actividad proporcionan al niño oportunidades de aprendizaje tanto implícitas como 149