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KATHIA NÚÑEZ PATIÑO
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CECILIA ALBA VILLALOBOS
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CLAUDIA MOLINARI MEDINA
Bases teóricas para el estudio de la niñez y los centros de atención a la infancia indígenA
La crítica a este enfoque, definida desde la visión adultocéntrica, genera
que el concepto de infancia se relativice, al considerar este periodo de la
vida como una condición social delimitada por una construcción histórica y
culturalmente diferenciada y caracterizada por relaciones de poder, en donde se
desenvuelven las niñas y los niños (Gaitán, 2006). El nuevo enfoque, prepara
el terreno para su análisis en términos de su contexto social, abandonando el
concepto de la reducción naturalista que pretendía homogeneizar las infancias
y legitimar el poder sobre ellas:
El hecho de asociar la infancia a un estado más cercano a la naturaleza que a
la cultura –al igual que ocurre con otras minorías políticas, como las mujeres o
los grupos indígenas– construye un estereotipo generacional sobre las niñas y
los niños como seres inferiores, que necesariamente deben estar situados bajo
el poder y la autoridad de una persona adulta, la cual se considera racional
y civilizada (Pavez, 2012: 84).
Por lo tanto, entender los ambientes culturales en los que se producen las
formas de atención a la infancia es fundamental para diferenciar las concepciones
en torno a los procesos étnicos, de género y por condición migratoria que han
sido definidas como “diferencias culturales” y de minorías sociales; lo que
conduce a políticas de “atención”, entre ellas las educativas, visibilizando
dichas diferencias y endureciendo sus parámetros de distinguibilidad (Medina,
2007). Esto en lugar de responder a las demandas de reconocimiento de la
diversidad cultural, profundiza la desigualdad.
De tal forma que el problema de la diversidad de acepciones en los
conceptos y discursos que se supone responden al reconocimiento de la
diversidad cultural, como el multiculturalismo, el pluriculturalismo o el
interculturalismo se fundan, de acuerdo con Medina (2007), en la comprensión
profunda de los marcos de referencia sociohistóricos y los espacios asimétricos
que condicionan las relaciones que no son culturales en sí mismas, sino
sociopolíticas y económicas.
Así, los discursos hegemónicos sobre las relaciones que se dicen
interculturales en contextos específicos, asumen que la desigualdad se produce
por la diversidad cultural, es decir, que la asimetría se explica por las diferencias
culturales y no por el marco de relaciones de desigualdad social y económica
que genera referentes que desvalorizan a esas culturas para legitimar y encubrir
las relaciones de desigualdad a través de clasificaciones sociales que sirven
para naturalizar la estructura de poder.
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