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ALFREDO TORIBIO BAROJAS • NICOLA MARIA KEILBACH BAER Las vicisitudes en el diseño de una política pública para el campo: La Cruzada Estatal
La historia de su agricultura y alimentación identifican a México y como“ pueblo del maíz”. A través de miles de años esta planta se ha desarrollado en consonancia con la naturaleza y geografía nacionales. Paralelamente a su evolución biológica, se han venido dando otras de carácter agronómico, productivo y social, que se tradujeron en una íntima interacción hombrenaturaleza, en cuya relación descansaron también distintos rasgos sociales de pertenencia, identidad y cooperación.
Indagando las etapas precolombinas se han encontrado rasgos de la domesticación por parte de los pobladores originales de Mesoamérica( Kato, et al., 2009: 40). Tampoco son ajenos a este proceso el largo periodo colonial y el porfiriato, adonde se acentuó esa“ íntima relación entre el maíz y los mexicanos”( González y Chauvet, 2008: 199). Asimismo, la reforma agraria en México después de la revolución armada de 1910 trajo consigo una serie de cambios que terminaron por delinear una particular correspondencia entre el hombre, el fruto de su trabajo y la tierra. A partir de entonces, la agricultura del maíz sostuvo una verdadera contienda social de definición, propósito, sentido y valoración. La lógica campesina de la agricultura maicera responde a esta particular interrelación.
Por otra parte, en nuestro país y casi sincrónicamente con el advenimiento de la reforma agraria revolucionaria, el proceso de urbanización y el surgimiento y crecimiento de los nuevos conglomerados de población en distintas regiones presionaron al alza la demanda alimentaria. De ahí en adelante el maíz y su cultivo se vincularon a los grandes procesos económicos y tecnológicos y con las decisiones políticas más trascendentales. La revolución verde, el Sistema Alimentario Mexicano o la estrategia de modernización del campo, fueron ejemplo de la importancia nodal del cultivo en la historia reciente( Pilcher, 2001: 151-186).
En poco más de 50 años el maíz pasó de solo ser un cultivo milpero y de autoconsumo, inmerso en economías locales y regionales, a un verdadero producto de agro industrialización y comercialización mundiales( McMichael, 2009: 287 – 289). Las implicaciones tecnológicas, productivas, económicas, sociales y políticas que acarrea este nuevo rol, dan cuenta de la importancia y de los fuertes intereses que ahora se concentran alrededor de esta gramínea de origen mexicano.