ISSN 0124-0854
N º 192 Octubre de 2012
7 Palabras vivas. Cultivar una relación consciente y enriquecida con la lengua
La argumentación, en su aspecto retórico, es un arte de presentación de las ideas a la sensibilidad y a la consciencia, nos recuerda el gran filósofo y retórico del siglo XX Chäim Perelman. Y las palabras son el instrumento vivo de esta evocación que trae las cosas a la presencia, las redefine y las matiza: ¿ es lo mismo tristeza que depresión, nostalgia que melancolía, abatimiento que desánimo?; ¿ gobierno que Estado, poder que instituciones, dominación que regulación? No, si contamos con la necesaria riqueza de palabras, connotaciones y formas de elaboración; de otro modo, simplemente diremos que“ las cosas son lo que son”. Una buena metáfora reorienta la atención, provee marcos de percepción alternativos, enfatiza puntos de vista:“ La vejez, tarde de la vida”( Aristóteles), sugerente, ¿ verdad?;“ el ajedrez de la guerra”, de cálculo y frialdad, ¿ no es cierto? Una ironía sin ataque, pero punzante, rompe la inercia de nuestras creencias vanas:“ Todos quieren volver a la naturaleza, pero no a pie”( Petra Kelly). Un aforismo preciso, evocado a propósito, condensa en su brevedad situaciones últimas:“ Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”( Ludwig Wittgenstein).
Santiago Cárdenas, Ventana verde, 1982, óleo sobre lienzo, 172 x 127 cm
Pero no exagere: cuide que las palabras y las figuras se usen de manera mesurada y oportuna: para crear disonancia,“ hacer pensar”, sugerir, afianzar una conclusión. Evite la profusión gratuita de figuras e imágenes puramente ornamentales, la pose retórica, la pretensión de ingenio, que merecen justo repudio, por degradar la retórica( un arte venerable) a palabrería insustancial.“ La palabra es un poderoso soberano que, con un cuerpo pequeñísimo y completamente invisible, lleva a cabo obras sumamente divinas. […] acabar con el miedo, desterrar la aflicción, producir la alegría o intensificar la compasión”, proclamó