ISSN 0124-0854
N º 192 Octubre de 2012
conceder sus puntos fuertes, sugerentes o fructíferos?; ¿ qué hay de cierto en el argumento contrario? Finalmente, ¿ puede indicar con precisión en qué puntos es débil, qué fallas presenta?: ¿ un alcance excesivo de su tesis; o sus argumentos son insuficientes, irrelevantes, incompatibles?
Santiago Cárdenas, El marco con cinta, 1982, óleo sobre lino, 113 x 97,3 cm
Refutación y sustentación se refuerzan entre sí, sea que se desplieguen en secuencias separadas, o que se entrelacen, simultáneas, vertebradas en una misma secuencia o“ agenda común” de cuestiones clave por examinar en relación con el problema. Como primer paso, ¿ podría usted citar de manera completa, reconstruir, el argumento contrario; parafrasearlo o referirlo punto por punto, de manera metódica, sin distorsionarlo o tergiversarlo, ahondando en sus antecedentes y puntos de partida: no sólo qué dice el otro, sino con base en qué lo dice, de dónde parte para decirlo? ¿ Con tanta precisión y cuidado, que el otro pudiera aprobar esta versión de su argumento? Luego, en lugar de
apresurarse a criticar, ¿ puede señalar las
fortalezas del argumento contrario,“ rescatar” y
Ahora, exponga su punto de vista y sus argumentos, procediendo también de manera clara y ordenada( anunciando los pasos que va a seguir), con actitud hipotética, exploratoria, anticipando objeciones, considerando posibles excepciones y contraejemplos, delimitando adecuadamente el alcance de su tesis. Recapitule y verifique a cada tanto que el otro“ le sigue”. Sea perceptivo:“ escuche la escucha” de su oponente.
La buena argumentación es, toda, un proceso de escucha y anticipación: saber escuchar es la mejor forma de ganar la atención del otro; y, de manera duradera, sólo nos persuade quien previamente nos ha escuchado. Quien nos escucha, quien nos refleja de manera inteligente, hace que, quizás por primera vez, reparemos en nuestro propio pensamiento, y nos sorprenda ver emerger ideas, líneas de argumentación o consecuencias insospechadas, que no sabíamos implícitas allí o que no habíamos tenido en cuenta. La buena persuasión es siempre autopersuasión.