Agenda Cultural UdeA - Año 2012 JULIO | Page 29

ISBN 0124-0854
N º 189 Julio de 2012 cinematográfico y, en un espíritu como el suyo, la necesidad de la reflexión. De ahí su faceta de crítico, que practicó en periódicos como El País, El Pueblo y Occidente, en Cali, y que, dada la incontenible intensidad de su cinesífilis, derivó en la creación de su propia revista, Ojo al cine, que llegó a ser la más importante publicación especializada en el asunto cinematográfico en la Colombia de los años setenta. Le escribía a su compañero de generación Luis Ospina el 6 de agosto de 1973:“ Hablás de un fondo que incluiría „ Revista de cine, películas de 16, proyector, bombillas ‟. Aquí va lo más importante que tengo para decirte en esta carta: hagamos que sea un hecho lo de la revista”.
Por los días en que escribía esta carta, se hallaba en su periodo estadounidense que, durante varios meses, alternó entre las ciudades de Houston y Los Ángeles. Fue allí en busca de un sueño todavía más alto: el de no solo escribir guiones, sino que estos se produjeran en la industria de Hollywood. Escribió dos películas de terror: La estirpe de la cripta y, tomando el argumento de un cuento de H. P. Lovecraft, The Shadow OverInnsmouth. Hizo los guiones completos en español y encargó a su hermana Rosario la traducción de los mismos al inglés para ofrecérselos, primero, al productor Roger Corman y, después, a cualquier representante de cualquier productor que estuviera dispuesto a
escuchar a un escritor de gran talento como él. No lo escucharon. Lo más lejos que logró llegar, y eso gracias a los contactos de Luis Ospina( quien años antes había estudiado cine en la UCLA), fue a algunos miembros menores del“ Gay power” que intentaron ganarlo para su causa y le dieron una lección importante: no se debía entregar a ningún productor un guión terminado para que lo leyera y considerara( y acariciara la tentación de pasárselo a uno de sus propios asistentes para que lo desarrollara), sino una sinopsis de la historia que le estaba ofreciendo. Lo intentó entonces con la sinopsis de un western que se titularía Los amantes de Suzie Bloom. Y tuvo que regresarse a Cali, donde lo esperaban su cineclub, sus amigos y la revista que iba a fundar.
Dos años antes de la revista y de la desventura hollywoodense, San Andresito Caicedo había vivido su primera y única gran aventura como realizador. En 1971, en codirección con su amigo y antagonista Carlos Mayolo, emprendió el proyecto de un largometraje más o menos basado en su relato“ Angelita y Miguel Ángel”( recogido luego en el volumen Angelitos empantanados). Iba a ser una película de media hora. Consiguió los actores, que no fueron los niños que deseaba para los personajes, sino algunos de sus camaradas de Ciudad Solar, esa especie de comuna en que la generación de Caicedo se congregó durante varios años.