Agenda Cultural UdeA - Año 2012 JULIO | Seite 28

ISBN 0124-0854
N º 189 Julio de 2012 fuerza de los ciclones y que incluso han sido mil veces salpicados por el pantano de los angelitos que los rodean y atormentan. Santos son los seres como este Andrés Caicedo, que vivió a mil y, fiel a su doctrina y al Seconal, murió pronto y dejando obra. Una demasiado extensa, demasiado vigorosa y pasional para sus escasos veinticinco años, intensa y fascinante, en tres áreas vitales para el desarrollo del espíritu humano.
La primera de esas áreas fue la literatura. Pienso con mucha melancolía en lo que dejó de hacer por morirse tan pronto y me gusta pensar en lo muy lejos que habría llegado, lo muy arriba, lo muy digno de los premios más importantes que habría sido. Otra es el teatro, hijo de la primera, pero para el caso independiente de ella, y que San Andresito cultivó como actor y como dramaturgo. Y la otra, la que me trae aquí, es el cine. La cinesífilis, de acuerdo con el término que él usaba para definir su pasión por el arte de las salas oscuras y la luz a veinticuatro cuadros por segundo.
Tengo grabada en la frente esta sentencia, una de las extensas admoniciones de María del Carmen Huertas, su heroína, al final de ¡ Que viva la música!:“ Adonde mejor se practica el ritmo de la soledad es en los cines. Aprende a sabotear los cines”. Mucho los saboteó él, en el
Andrés Caicedo, foto tomada de la revista Soho, disponible en línea: http:// www. soho. com. co / indirecta / articulo / andres-caicedo-sale-de-la-carcel / 9267
sentido caicediano del verbo sabotear, que significaba hacer intensamente. Y hacer intensamente el cine significaba, en su caso, un cúmulo de acciones: presenciarlo como espectador, difundirlo como cineclubista, discernirlo como crítico, concebirlo como guionista y realizarlo como director( un director que, además, como tantos de aquellos a los que admiraba, se permitía la travesura del cameo).
Ni todos los espectadores intensivos devienen críticos ni todos los críticos anhelan en secreto ser realizadores. Estos tres papeles le sentaban a Caicedito por naturaleza. En sus mejores tiempos llegó a ser espectador de hasta tres películas por día, en más de una ocasión a la semana. La consecuencia obvia tenía que ser el conocimiento exhaustivo del arte