Agenda Cultural UdeA - Año 2012 JULIO | Page 21

ISBN 0124-0854
N º 189 Julio de 2012 lada del hombre que huye: más poético, ¿ no es cierto? Te la nombro porque es algo hermoso en películas de suspenso. Y hablarían también de Robert Wise, del cine que este hacía antes de comenzar a manufacturar películas que sólo sirvieran para ganar óscares. Hablarían de La mansión de los espectros, Hill House o The Haunted, no sé, es que siempre se me arma una confusión con los títulos en español y en inglés y con el título de la nove-la en la que está basada la película, y al final no sé qué corresponde a qué. Hill House, una película de fantasmas con Julie Harris, pero eso si es modo de tratar el tema, le digo, con qué delicadeza y con qué respeto. Y también le diría que viene yendo a cine desde que na-ció, pero que nunca había hablado de eso con otra persona, que es su primera oportunidad de intercambiar ideas. Entonces, esperaría dos cuadras más y se acercaría al gordo de una. A mí también me gustó Ya eres un hombre, venga esa mano en nombre de Francis Ford Coppola, mi viejo.
El gordo sacó las manos de los bolsillos y dejó de caminar. Ricardo González hizo lo mismo seis pasos más atrás. El gordo miró por encima de su hombro, como si se le hubiera caí-do algo y lo estuviera buscando. Miró hacia atrás y vio a Ricardo, sonriéndole, porque lo único que acertó a hacer fue sonreír, esperan-do a que el gordo se devolviera y le tendiera la mano.
Usted viene de cine, ¿ no es verdad? Al ver que el gordo no se acercaba, Ricardo pensó que lo que hacía era esperar a que él fuera a conversarle. Pero tampoco fue así. El gordo se metió nuevamente las manos a los bolsillos y siguió caminando un poco más rá-pido. Asombrado, Ricardo lo imitó.
Ya estaba oscureciendo: habían caminado bastante. Ricardo pensó, aligerando el paso, que en la otra esquina se le acercaría. Usted sabe de cine, le ha gustado Ya eres un hombre, ¿ no es así? El gordo llegó a la esquina, miró nuevamente por sobre su hombro y Ricardo volvió a sonreírle, pensando que ya el gordo se iba a detener. Pero no lo hizo: cruzó hacia la derecha. Ricardo, sin entender lo que pasaba, casi corrió hacia la esquina y cruzó hacia la derecha, y para su asombro, el gordo había desaparecido. Ricardo González se puso las dos manos sobre la frente para ver si esa persona que camina por allá lejos, entre la oscuridad de la calle a las siete de la noche sería a quien buscaba. No, no era. Preocupado, se preguntó qué le pudo suceder a su amigo. ¿ Qué se había hecho, hombre, quería conversar con usted sobre Ya eres un hombre, qué gran película, no?
Entonces lo vio aparecer. La puerta de una casa amarilla se abrió y por ella salió el voluminoso