ISBN 0124-0854
N º 189 Julio de 2012
Esas palabras fueron pronunciadas demasiado cerca de su cabeza. Ricardo González volvió la cara con los ojos muy abiertos y las mandíbulas apretadas, buscando al autor de ellas:
era un muchacho gordo metido en unos blue jeans americanos, quien seguía ponderando las cualidades de la cinta, enfrentando a una gente que lo miraba con una burla tal vez demasiado belicosa. Pero Ricardo no sintió lástima por él debido a la difícil situación en la que se encontraba. Lo que sintió fue admiración. Quiso tirarse sobre el gordo, abrazarlo y gritarle que él también opinaba lo mismo de la película de Coppola. Pero se contuvo: era mejor esperar a que salieran del teatro. Lo vio escabullirse de la gente y pararse frente al afiche de la película. Ricardo lo imitó, comprobó felizmente que el gordo estaba solo. También debe estar buscando a una persona para hablar sobre cine, pensó, cuando el gordo estaba caminando ya avenida abajo.
Lástima que esos imbéciles no hayan sabido apreciar-la. Y se sentarían en cualquier fuente de soda, o si no caminarían por allí con las manos en los bolsillos, hablando de las mejores películas: del Fellini de Julieta de los espíritus, de esa que se llama en español
Prófugo de su pasado, de Ca-rol Reed, ¿ lo conoce? Creo que es un inglés, un viejo inglés: Prófugo de su pasado, sí, con Laurence Harvey, Alan Bates, se dice Beits. ¿ No? Y Lee Remick, una mona de dientes bonitos.
Admitiendo que había desaprovechado una buena oportunidad para entablar conversación, Ricardo González caminó detrás del gordo, pensando en lo que diría para comenzar el tema. Venga esa mano viejo, se ve que usted sabe de cine. Así es como habla la gente en esta ciudad. Y cuando el gordo le preguntara el motivo de Ya eres un hombre,
En inglés es The running man o The ballad of the running man, la balada del corredor, la ba-