Agenda Cultural UdeA - Año 2012 DICIEMBRE | Página 39

ISSN 0124-0854
N º 194 Diciembre de 2012
Ella, persiguiéndome a mí, ¡ fíjate! Y en mi alma.
El chico preguntó finalmente:
—¿ Por qué parte del país estaba usted entonces?
—¡ Uy!— gruñó el hombre—. Era un pobre mortal enfermo. Era como la viruela. Te confieso, hijo, que me emborraché, forniqué, cometí cualquier pecado que de pronto me apeteciera. Me avergüenza confesártelo, pero así es. Cuando recuerdo esa temporada, está todo confuso en mi mente; fue terrible.
El hombre inclinó la cabeza y pegó la frente al mostrador. Durante unos segundos estuvo así, doblado, con la nuca nervuda cubierta de una pelambrera anaranjada y las manos, con sus largos dedos retorcidos, palma contra palma, en actitud de rezar. Luego el hombre se irguió; sonreía, y de pronto su rostro fue un rostro radiante, trémulo y viejo.
— Pasó en el quinto año— dijo—. Y con él empezó mi ciencia.
—¡ Vaya!, ninguno de nosotros se hace más joven— dijo. Luego, con furia repentina, hizo una pelota con el paño de secar que tenía en la mano y lo tiró con fuerza al suelo:— ¡ Vaya Romeo viejo con el rabo a rastras!
—¿ Qué pasó?— preguntó el chico.
La voz del viejo era alta y clara:— Paz— contestó.—¿ Eh?
— Es difícil explicarlo científicamente, hijo. Me figuro que la explicación lógica es que ella y yo nos habíamos perseguido tanto tiempo que al fin nos hicimos un lío, nos echamos atrás y lo dejamos. Paz. Un vacío extraño y hermoso. Era primavera en Portland y llovía todas las tardes. Yo me quedaba allí, en mi cama, echado en la oscuridad. Y así me vino la sabiduría.
La luz del nuevo día teñía de azul pálido las ventanas del cafetín. Los dos soldados pagaron sus cervezas y abrieron la puerta; uno de ellos se peinó y sacudió sus polainas fangosas antes de salir. Los tres obreros se encorvaron en silencio sobre sus desayunos. El reloj de Leo sonó en la pared.
La boca de Leo se movió con una mueca pálida y rápida:
— Es esto. Escucha atentamente. Medité sobre el amor y saqué la conclusión. Me di cuenta de qué es lo que nos pasa. Los hombres