Agenda Cultural UdeA - Año 2012 DICIEMBRE | Page 38

ISSN 0124-0854
N º 194 Diciembre de 2012 tenido alguna relación con ella. Tulsa, Atlanta, Chicago, Cheehaw, Memphis … Durante casi dos años corrí por todo el país tratando de encontrarla.
— Pero la pareja había desaparecido de la faz de la tierra— dijo Leo. sus fotografías y las miraba. Nada, no había nada que hacer. Era como si no la viera. ¿ Puedes imaginarlo?
—¡ Eh, compadre!— gritó Leo a través del mostrador—. ¿ Puedes imaginarte la cabeza de este borracho en blanco?
— No le escuches— dijo el hombre confidencialmente—. Y además olvida esos dos años. No son importantes. Lo que importa es que por el tercer año me empezó a pasar una cosa muy curiosa.
—¿ Qué?— preguntó el chico. El hombre se dobló e inclinó el jarro para beber un sorbo de cerveza. Pero mientras se agachaba sobre el jarro, las aletas de la nariz le temblaron ligeramente; olfateó el olor rancio de la cerveza y no bebió.
Despacio, como si espantara moscas, el hombre movió la mano. Tenía sus ojos verdes fijos y concentrados en la carita chupada del chico de los periódicos.
— Pero un pedazo de cristal inesperado en la acera o una canción de cinco centavos en un gramófono automático, una sombra en una pared por la noche, y recordaba. A veces me ocurría por la calle y yo me echaba a llorar y me golpeaba la cabeza contra un farol. ¿ Me comprendes?
— La verdad es que el amor es una cosa extraña. Al principio no pensaba más que en que volviera. Era una especie de manía. Luego, según pasaba el tiempo, trataba de recordarla, pero, ¿ sabes qué ocurría?
— No— dijo el chico.
— Cuando me tumbaba en la cama y trataba de pensar en ella, mi cabeza se quedaba en blanco. No podía verla. Y entonces sacaba
— Un trozo de cristal …— dijo el chico.
— Cualquier cosa. Daba vueltas por ahí y no tenía poder sobre cómo y cuándo recordarla. Uno cree que se puede poner encima una especie de blindaje, pero el recuerdo no viene al hombre así, de frente, viene por las esquinas, dando rodeos. Estaba a merced de todo lo que oía o veía. De repente, en vez de ser yo el que atravesaba el país para encontrarla, empezó ella a perseguirme en mi propia alma.