ISSN 0124-0854
N º 194 Diciembre de 2012 veían con claridad el traje y el sombrero que llevaba.
—¿ Ves?— dijo el hombre.
El chico asintió y el hombre le enseñó otra fotografía. La mujer estaba de pie en una playa, en traje de baño. El traje de baño le hacía un estómago muy grande, eso era lo primero que se notaba.
—¿ Has mirado bien?— Se inclinó más todavía, acercándose y, finalmente, preguntó:—¿ La habías visto antes?
El chico estaba sentado sin moverse, mirando de soslayo al hombre.
— No, que yo sepa.
— Muy bien.— El hombre se volvió a meter las fotografías en el bolsillo—. Era mi mujer.
—¿ Murió?— preguntó el chico.
La cerveza, en el mostrador, delante del hombre, estaba en su gran jarro oscuro. No la cogió para beber; en vez de eso, se inclinó y, poniéndose la cara sobre el borde, estuvo así un momento. Luego, con ambas manos, agarró el jarro y sorbió.
— Cualquier noche te vas a dormir con tu narizota dentro del jarro y te ahogarás— dijo Leo—.“ Eminente forastero ahogado en cerveza”. Sería una muerte muy graciosa.
El chico de los periódicos trató de hacer una seña a Leo. Cuando el hombre no miraba, volvió la cabeza e hizo un gesto con la boca preguntando sin hablar:“¿ Borracho?”. Pero Leo levantó las cejas y se volvió para poner dos trozos de tocino en la parrilla. El hombre apartó de sí el jarro, se irguió, y juntó sus manos sueltas y huesudas sobre el mostrador. Tenía la cara triste, mirando al chico. No pestañeaba; sólo, de vez en cuando, bajaba los ojos de color verde pálido. Estaba casi amaneciendo y el chico se cambió de hombro el peso del saco de periódicos.
Despacio, el hombre negó con la cabeza. Frunció los labios como si fuera a silbar y contestó de manera indecisa:
— Eh …— dijo—. Te explicaré.
— Estoy hablando de amor— dijo el hombre—. Para mí es una ciencia.
El chico se empezó a escurrir del taburete. Pero el hombre levantó el índice y hubo algo que retuvo al chico, que no lo dejó moverse.