ISSN 0124-0854
N º 194 Diciembre de 2012
Se volvió y el hombre de la esquina le hacía señas con el dedo llamándolo. Había levantado la cara del jarro de cerveza y parecía de repente muy alegre. El hombre era largo y pálido, con una gran nariz y el pelo anaranjado marchito.
—¡ Eh, hijo!
El chico de los periódicos fue hacia él. Era un chiquillo escuchimizado de unos doce años, con un hombro más alto que otro por el peso del saco de periódicos. Tenía la cara chupada y pecosa y sus ojos eran unos ojos redondos de niño. sabía qué hacer. Miró por encima del mostrador a Leo y Leo lo miraba con una mueca aburrida de burla. El chico intentó reírse también, pero el hombre estaba serio y triste.
— No he querido tomarte el pelo, hijo. Siéntate y toma una cerveza conmigo. Tengo que explicarte una cosa. Cautamente, con el rabillo del ojo, el chico consultó con los hombres de la barra, preguntándoles qué hacer. Pero ellos habían vuelto a sus cervezas o a sus desayunos y no le hicieron caso. Leo puso en el mostrador una taza de café y una jarrita de nata.
—¿ Qué, señor?— Es menor de edad— dijo.
El hombre puso una mano sobre los hombros del chico de los periódicos, luego le cogió la barbilla y le movió despacio la cara de un lado para otro. El chico retrocedió incómodo.
El chico trepó hacia el taburete. Su oreja, debajo de la orejera levantada, era muy pequeña y muy colorada. El hombre asentía con la cabeza seriamente:
— Diga, ¿ qué quiere?
La voz del chico era chillona. El café de pronto se quedó muy silencioso. El hombre dijo despacio:
— Es importante— dijo. Y buscó en el bolsillo de atrás y sacó algo que enseñó en la palma de la mano para que lo viera el chico.
— Míralo atentamente— dijo.
— Te quiero mucho.
En la barra los hombres se rieron; el chico, que
ya se había echado para atrás, y quería irse, no
El chico miró, pero no había nada que mirar con atención. El hombre tenía una fotografía en la palma de la mano grande y mugrienta. Era un rostro de mujer. Tan borroso, que solamente se