ISBN 0124-0854
N º 190 Agosto de 2012 ser: qué sabe, a qué se dedica, qué ha defendido, con qué disfruta, qué ideas defiende, qué siente, cómo lo expresa como medida del ser humano. Hemos podido mantener, gracias a mi mamá y a tu recuerdo, toda la familia unida, queriéndonos y apoyándonos siempre. Los nietos que tú conociste y los que no, han ampliado ese círculo y todos se quejan siempre de no haber podido conocer más al“ Aba”. No hay una reunión de todos en la que no estés presente de alguna manera: en las canciones que más te gustaban, en las coplas de las celebraciones, en los cuentos de La Inés, con tus frases, que siempre recordamos y que los nietos repiten un poco en broma, un poco en serio, tal como:“ Tomo poco, porque me gusta mucho”. La vida para nosotros, en veinticinco años que han pasado desde tu muerte, no ha sido fácil, pero ha sido muy bonita. Al principio, a todos nos venció el dolor y el deseo de encontrar a los culpables de tu muerte. De una u otra forma, y cada uno a su manera, hacía cosas que creíamos nos iban a conducir a encontrar un responsable. Después, con el tiempo y mucha tristeza, empezamos a aceptar que no había un solo culpable … ojalá, hubiera sido más fácil … entendimos, o por lo menos yo concluí, que se trataba de un deseo cumplido y manifiesto, de muchas maneras y durante mucho tiempo, de un grupo de personas poderosas, de diferentes organizaciones políticas y sociales, con
pensamientos, ideas y acciones totalmente radicales, y a las cuales les fastidiaba, les molestaba, les irritaba, les parecía incómodo e inconveniente para sus intereses particulares, que una persona como tú estuviera permanentemente en programas radiales, en columnas periodísticas, en diferentes auditorios, denunciando, reflexionando, proponiendo. Porque tú sentías la obligación ética de explicar lo que estaba sucediendo en Colombia. Además, creías que tenías la libertad de decir lo que pensabas. Y por eso te mataron. Pero se equivocaron. Porque tus ideas, tus denuncias, tus teorías, tus reflexiones, no se han muerto. Tus amigos, tu Universidad, tus alumnos, tu familia, se han dedicado a que esto no se pierda. Mi hermano escribió el libro El olvido que seremos en el cual, a la vez que cuenta la historia de tu vida y de tu muerte, se alivia un poco de esa carga y ese dolor que no podía soportar más. Fundamos La Corporación para la Educación y la Salud Héctor Abad Gómez que, con el apoyo de la Rectoría de la Universidad y de las facultades de Medicina y Salud Pública, organizan mensualmente, desde hace más de cinco años, la Cátedra de formación ciudadana Héctor Abad Gómez, en la cual han participado diferentes personalidades que, desde su visión o su profesión, nos enseñan cómo ser buenos ciudadanos.