ISBN 0124-0854
N º 190 Agosto de 2012 con mi esposo, tu amigo Alfonso, que me ayudaba en todo; quería hacer pétalos de rosas azucaradas; cada vez que tenía oportunidad, cogía un ramo de rosas de tu rosal y se lo llevaba de regalo a un amigo, tuyo o mío, como señal de agradecimiento, de cariño, de cercanía. Hice un álbum hermoso con todas tus fotos, con todos los escritos que publicaron sobre tu muerte y sobre tu vida en todos los periódicos, en todas las revistas; me ayudó“ Pola”, tu amiga, que es muy buena periodista, porque yo quería que quedara bien hecho. Seguí así mucho tiempo, me dediqué a bailar, siempre me ha gustado mucho, después supe que tanta actividad y concentración en cosas que eran“ casi tuyas” se explicaba como una reacción muy fuerte a ese dolor de tu muerte, que me había fractura doy que tenía que recomponerme. Volví a la realidad. No quería salir de mi casa. Me daba miedo, tristeza, pena, quería borrar todo lo que había pasado y no podía. Con ayuda de especialistas y de medicinas, y, lo más importante, de toda mi familia y de los amigos más cercanos, empecé a entender lo que me había pasado y a tratar de seguir viviendo con valor, como tú me habías enseñado. Tenía que recuperar mi salud. Diez días después de tu muerte pesaba diez kilos menos y tenía la boca llena de llagas; el médico me dijo que se me habían acabado todas las defensas.
El amor a mis hijos y a toda mi familia me salvó. Leí todo lo que habías escrito; mejor dicho lo releí, seguía y sigo pensando que tuve como padre a un ser humano maravilloso que me enseñó la sensibilidad ante la belleza, la música, la poesía, las flores, y también la sensibilidad ante el dolor y la tristeza: un ser humano que me enseñó la sensibilidad social ante la injusticia, la enfermedad y las necesidades de los demás; me enseñó todo sobre el valor y la integridad que se necesitan para defender los principios y las ideas propias. Me enseñó el valor de estudiar, de aprender, de interesarme por diferentes temas. Yo no tuve la suerte de mi hermano, de que tú mismo lo guiaras y le mostraras los caminos iniciales para saber cuál era el rumbo que uno tenía que tomar para entender un poco mejor su papel en el mundo, en el universo, como ser humano, su lugar en la historia. Aun así, como con tu ejemplo y tu vida me enseñaste que era indispensable para vivir entender esto, me empeñé en descubrirlo y, con la ayuda de un gran maestro, lo entendí, poco a poco, pero con mucha emoción y entusiasmo. Todo eso que creo era lo que te mantenía contento de estar vivo, dispuesto siempre a enseñar, pero también a aprender y a disfrutar de las cosas maravillosas que tiene la vida y que nos hacen tanta falta en este momento que estamos viviendo, en el que el único valor es el tener, en vez de ser como tú nos enseñaste, el