ISBN 0124-0854
N º 180 Septiembre de 2011 y afirma valores.“ Morar” en ese espaciotiempo que la vida nos concede para transformar nuestro territorio cultural creativamente y recrearlo con el fin de dejar una huella que debe proseguir con la de los pasos de los que nos sucederán.
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El deterioro de lo político y los frecuentes, escandalosos y dolorosos casos de corrupción en el ámbito nacional e internacional, han llevado a muchos al abandono de la preocupación por lo público, y por la política, cuando se ve con indignación cómo lo público se convierte en privado por intereses egoístas y mezquinos, porque no hemos logrado un ejercicio digno en lo político como compromiso con lo que nos concierne a todos. A pesar de eso, pienso que la participación en los procesos políticos culturales en una dimensión de ética cívica, es una forma de reivindicación y dignificación del ejercicio político, en el mejor sentido de la palabra, y un mecanismo de generación de otros espacios de participación como posibilidades de acciones sociales y culturales.
Vale la pena citar a la profesora María Teresa Uribe de Hincapié, docente de la Universidad de Antioquia, quien sigue ofreciendo lúcidos aportes al pensamiento político y social del país:
[…] en Colombia, como en el resto de América Latina, hay un surgimiento y consolidación de nuevas pautas de acción política, más cercanas a las formas directas de la democracia, que se orientan hacia la participación social y ciudadana para la definición de prioridades locales y sectoriales, sin pasar por la mediación de los partidos ni del proceso electoral( Uribe de Hincapié, 2001).
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Los procesos político-culturales en la ciudad y en el país han significado un ejercicio y aprendizaje de cultura política para la democracia cultural. Es un avance importante, pero todavía hay mucho camino por recorrer para que se ejerza cada vez más una ciudadanía activa. El Sistema Nacional de Cultura, como escenario de la participación, el análisis y deliberación en materia cultural, es propicio para impulsar una pedagogía política cultural, y el Consejo Nacional de Cultura, como máximo organismo, puede ser el encargado de liderar esa pedagogía político cultural, en asocio con los consejos territoriales, con las universidades y demás instituciones educativas y culturales. La educación nos lleva a aprender democracia cultural que debe traducirse, a la larga, en hechos políticos culturales y en formas de convivencia.