Agenda Cultural UdeA - Año 2011 SEPTIEMBRE | Page 18

ISBN 0124-0854
N º 180 Septiembre de 2011 comprometidos con el otro, como igual, como conciudadano.

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Con base en la experiencia en procesos participativos, especialmente en la formulación de políticas culturales y en proyectos sobre patrimonio, y asimismo por las lecturas, conferencias y reflexiones acerca de estos temas, me atrevo a dar una definición de ciudadanía cultural que he consignado en algunos textos: un ciudadano cultural es un ser que se relaciona con los demás, se comunica, se reconoce en la alteridad, establece lazos, ejerce la civilidad, participa en proyectos comunes, expresa cultura al crear, recrear y construir referentes de identidad y de patrimonio cultural para así construir democracia. Ser ciudadano cultural es partir de una concepción éticaestética-política cultural que implica considerar el entorno cultural y social como un bien común del cual se es corresponsable y por lo tanto conlleva deberes y derechos e impulsa a obrar en consecuencia.

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El ejercicio de una ética de la participación como elemento fundamental de la ciudadanía cultural les da legitimidad a las formulaciones político-culturales y a las acciones que de ellas se derivan.

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Los aprendizajes y las experiencias en la participación, acompañadas de las reflexiones sobre la ética, la política y la estética, nos deben llevar a repensar las prácticas culturales que muchas veces se automatizan con trazos y tratamientos desde un ordenamiento puramente instrumental. Esto se pone en evidencia en muchas ocasiones en lo que se ha llamado planificación cultural, que en sentido más riguroso debe llamarse, como se ha repetido por muchos, planificación de la acción cultural. Hace mucho tiempo algún director de Colcultura recordaba que la cultura es del ámbito de la libertad, de la creación. Se planifican sí las acciones y las estrategias para propiciar, valorar y apoyar los hechos culturales. La cultura es nuestra manera de“ morar”, en el sentido que, de manera muy bella, una entrañable colega y profesora de la Universidad de Antioquia, Beatriz Restrepo Gallego, expresaba en el V Congreso de Ciudad realizado en Medellín el año pasado: un morar como“ permanecer cuidando”( Restrepo, 2010). Esto, en la mejor acepción de cuidar: ponerle toda la atención a la ciudad, al país, con base en el sentido de identidad como pertenencia. Es decir, vivir creativamente y con el reconocimiento de nuestras memorias. Un“ morar” personal y colectivo con el conciudadano que participa de iguales derechos y de bienes culturales y construye