ISBN 0124-0854
N º 180 Septiembre de 2011 partir del año 2001, fue un logro, así como la formulación del Plan Nacional de Cultura 2001-2010. Hacia una ciudadanía democrática cultural, que le ha deparado una función permanente de asesoría en materia de política cultural nacional. Dicho Consejo, instancia máxima del Sistema Nacional de Cultura, fruto éste de un largo proceso de participación y de construcción político cultural, sobre todo a partir de los años 80, es un caleidoscopio del país como representación de sectores, grupos étnicos, consejos territoriales, instituciones, líderes culturales, así como organismos del orden nacional; es una representación legítima y valiosa de actores sociales a quienes les compete trabajar por el destino cultural del país.
Las reflexiones que a continuación presento son un aparte y síntesis de dos exposiciones: la primera, con ocasión de la presentación del Plan de Desarrollo Cultural de Medellín 2011-2020 en Plaza Mayor, en un certamen convocado por la Alcaldía de Medellín en cabeza de su alcalde Alonso Salazar y de la Secretaría de Cultura Ciudadana con Luis Miguel Úsuga a su cargo; la segunda, con motivo de la reunión del Consejo Nacional de Cultura el 18 de agosto, presidida por la actual Ministra de Cultura Mariana Garcés Córdoba. A los dos eventos fui invitada para exponer sobre el tema de la ética y la participación.
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El ejercicio ciudadano de la participación es un trabajo por consolidar sujetos individuales y colectivos como ciudadanos que asumen su carácter de sujetos morales que piensan por sí mismos, analizan los contextos culturales y sociales donde se inscriben sus acciones, reconocen acumulados que constituyen capital cultural, y actúan en consecuencia. No se evade el tema del conflicto, máxime en un país y en una ciudad como Colombia y Medellín que necesitan pensarse y trabajar constantemente por una cultura ciudadana de convivencia. Por lo tanto, debe mirarse el horizonte como aquel espacio-tiempo que se abre a todos los ciudadanos desde un ethos de corresponsabilidad, concepto esencial en una ética y participación ciudadana, parte de las virtudes sociales, por lo cual este ethos se asume como una ciudadanía cultural activa.
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Se puede hablar de la importancia de una ética de la participación en términos de la filósofa Victoria Camps que la entiende como la:“ implicación en las decisiones políticas, compromiso con la organización de la sociedad”( Camps, Paradojas del individualismo, 1999: 89). De ahí se puede colegir, también, la importancia del valor de la solidaridad, que es sentirnos cercanos y