Agenda Cultural UdeA - Año 2011 MAYO | Página 12

ISBN 0124-0854
N º 176 Mayo de 2011
Entonces, cuando esta mañana, añadiéndose al rollazo habitual de una clase de literatura sin literatura y de una clase de lengua sin inteligencia de la lengua, he experimentado un sentimiento extraño, inclasificable, no he podido contenerme. La profesora estaba tratando el epíteto, con el pretexto de que en nuestras redacciones brillaba por su ausencia“ cuando deberíais ser capaces de emplearlo desde tercero de primaria”.“ Alumnos tan incompetentes en gramática como vosotros, desde luego, es como pa’ pegarse un tiro”, ha añadido luego, mirando especialmente a Achille Grand-Fernet. No me cae bien Achille, pero tengo que decir que estaba de acuerdo con la pregunta que le ha hecho a la profesora. Creo que se imponía algo así. Además, que una profesora de letras diga pa’ en lugar de“ para”, a mí me choca, qué queréis que os diga. Es como si un barrendero se dejara sin recoger del suelo las bolas de pelusa de polen.“ Pero la gramática, ¿ para qué sirve?”, le ha preguntado Achille.“ Deberías saberlo”, le ha contestado doña Me-pagan-paraque-os-lo-enseñe.“ Pues no”, ha replicado Achille con sinceridad, por una vez,“ nadie se ha tomado nunca la molestia de explicárnoslo”. La profesora ha dejado escapar un largo suspiro, en plan“ encima tengo que tragarme estas preguntas estúpidas”, y ha respondido:“ Sirve para hablar bien y escribir bien”. gramática sirve para eso, es como decirle a alguien que se tiene que leer una historia de los cuartos de baño a través de los siglos para saber hacer bien pis y caca. ¡ No tiene sentido! Si todavía nos hubiera demostrado, con ejemplos, que hay que saber ciertas cosas sobre la lengua para utilizarla bien, entonces bueno, por qué no, puede ser una base para empezar. Por ejemplo, que saber conjugar un verbo en todos los tiempos te evita cometer errores gordos que te avergüenzan delante de todo el mundo en una cena mundana“ Hubiera veído esa película que comentáis, si no me habrían aconsejado antes que no lo haciese”. O que, para escribir como es debido una invitación para unirse a una pequeña orgía en el castillo de Versalles, conocer las reglas de concordancia entre sujeto y verbo puede resultar muy útil. De esta manera uno se ahorra torpezas como ésta:“ Querido
Entonces he creído que me iba a dar un infarto. Nunca había oído tamaña ineptitud. Y con esto no quiero decir que no sea verdad, digo que es una ineptitud como una casa. Decir a unos adolescentes que ya saben leer y escribir que la
Carlos Cubeiro, Autoayuda, Press Illustration, 2007 Fuente: ww. flickr. com / photos / carloscubeiro / 1448549461