Agenda Cultural UdeA - Año 2011 JUNIO | Page 31

ISBN 0124-0854
N º 177 Junio de 2011
Foto: Víctor Hugo Vargas R
. al país. Llegaron a la ciudad bajo el mando directo de los oficiales en Bogotá y de la Presidencia de la República; es decir, no estaban bajo la autoridad del Alcalde de la ciudad, Juan Gómez Martínez. Fueron aislados del resto de la policía para evitar filtraciones y sobornos, y en la ciudad empezaron a comentarse, a vivirse sus rudos y en ocasiones crueles métodos para conseguir sus fines.
La orden de asesinar policías es acogida por los sicarios con prontitud. El pago es atractivo: por cada policía asesinado, un millón de pesos; por un sub oficial, dos millones; por un oficial, hasta cinco millones.
La matanza se desata el lunes 2 de abril; para el martes se cumplen veinticuatro horas en las que ocho uniformados escapan a los atentados, resultando heridos, y once uniformados han caído asesinados en diferentes puntos de la ciudad; uno de ellos, el agente José Aníbal Alzate Gómez, natural de Apartadó, en el Urabá antioqueño, es asesinado por sicarios motorizados en el parque del barrio Manrique, a pocas cuadras de Las Esmeraldas. Desde Bogotá, el director general de la Policía Nacional, General Miguel Antonio Gómez Padilla, dice a la prensa que el narcotráfico no conseguirá doblegar al Estado. Dolido por el asesinato de