ISBN 0124-0854
N º 177 Junio de 2011
Salazar en las páginas de No nacimos pa’ semilla. El personero de Medellín, Jairo Herrán Vargas, ha puesto al descubierto, no una sino varias veces, la precariedad de los alimentos que ingieren los presos de Bellavista. Aunque las cosas mejoran por temporadas, sus investigaciones hablan de carne en descomposición y frutas pútridas.
Shirley Yuyeimi es de los pocos maricas a los que le respetan sus paradas sensuales y gatunas, pues en medio de todo, es más macho que cualquiera.“ Muchos evitan tropezar con una porque como una maneja lo que es la Minora”, refunfuña. Shirley confiesa sin empacho que carga debajo del paladar una cuchilla con la que ya se acostumbró a comer.“ Por precaución, porque una nunca sabe”, dice.
La presencia de armas dentro del establecimiento no es un secreto para nadie. El pasado 13 de marzo, y por una minucia, inició en el patio octavo una refriega que dejó veintiséis internos lesionados. Dos de ellos presentaron heridas por disparos.“ A un interno no le han sacado la bala de la pierna”, dijo Iván Darío Gutiérrez el miércoles pasado.
Los resultados de la redada que ejecutara después el Inpec hablan por sí solos: dos pistolas y tres revólveres, dos granadas de fragmentación, 202 cartuchos, 81 celulares, 197 armas de fabricación carcelaria, 53 SIM Cards, 4.519 gramos de cocaína, 4.965
gramos de marihuana, 1.355.000 pesos en efectivo.
Juan tiene novio, un macho
Juan Diego López, 37 años de edad, conocido como la Juana; su delito fue haber comprado cien papeletas de bazuco que pensaba consumir— durante viernes, sábado y domingo— con un amigo en la intimidad. Juana está lejos de tener un aspecto de truhán. Gesticula, levanta la ceja y deja salir un cierto halo de desengaño cuando reconoce que hay algo positivo detrás de las paredes de Bellavista: haber dejado de tener un contacto desenfrenado con la droga:“ mi problema no es el de tener un perfil criminal, es más de adicción a las drogas. Ese ha sido el muro que no ha dejado que mi espíritu se libere totalmente. He compartido más con la droga que con la literatura. He compartido más con la droga que con mi familia, tristemente”, se duele Juana.
En la calle, Kemberly también se consumía un tarro y medio de pegante diario y, desde que entró a la cárcel, se declara libre de los psicoactivos.
Como casi todos los homosexuales que están tras las rejas, Juana se consiguió un novio que, por desatinado que parezca, es visto como un“ macho” declarado.“ Siempre me miraba, y yo pensé, ese brillo en los ojos me dice algo. Entonces un día compré un café y unos panes