Agenda Cultural UdeA - Año 2011 JUNIO | Page 23

ISBN 0124-0854
N º 177 Junio de 2011
Foto: Donaldo Zuluaga
paso en dirección al infierno o al paraíso, depende como se mire.
Cuando uno nunca ha cometido un delito y aterriza en esta cárcel, cuando ya es consciente de que le están untando cuatro veces los dedos de tinta, lo que quiere decir que se va a quedar; cuando uno ya ve cómo caen sus ropas hasta quedar en calzoncillos porque los guardianes deben hurgar por drogas o por armas en su cuerpo; eso, mejor dicho, esa sensación,“ debe ser como la de llegar al infierno”, se descarga un preso que está a la espera de un traslado.
Luego de las primeras requisas, los internos, generalmente nerviosos y hasta lagrimeando si son primerizos, ascienden cuarenta pasos
por una rampa encerrada hasta llegar a un calabozo lóbrego que no tiene camas. Si son capturados en la madrugada, allá pasan la primera noche.
A partir del 6 de septiembre de 2007, y a causa de sus inocultables ademanes de muñeca, Kemberly se sumergió en la semana más adversa que haya tenido dentro del penal.“ Cuando bajaba al Bongo( o el rancho), el que no me pegaba con la coca, me daba el puño, el que no me pegaba el puño me ponía la zancadilla y entonces caía, y todos pasaban por encima. Lo que más me dolió fueron los cocazos”, se acuerda.