ISBN 0124-0854
N º 178 Julio de 2011 tributarias a la peatonal Nanjin. Era un misterio que producía un poco de temor y mucha curiosidad, pero empujados por la aventura más que por la compra, nos dejábamos arrastrar por entre simuladas estanterías, cortinas y enchapes falsos, que eran puertas a bodegas repletas de mercancías, ofrecidas a precios no oficiales. la modernidad y el rostro de la desigualdad y la marginación.“¿ Tienes algo de dinero para comer?”, me pregunta una joven profesional desempleada, bien vestida y con buena apariencia, hablando un inglés no perfecto pero entendible.“ Estoy desempleada, y nos prohíben hablar con los turistas para solicitar su apoyo y comentar nuestra situación”.
Bulle el comercio formal que nada tiene que envidiarle al mercado internacional, porque allí disputan el mercado local las grandes firmas y marcas del capitalismo globalizado. Pero bulle también, en esta ciudad turística, el mercado informal y, como el Huangpu con su espesa y fluida acuidad, la vida, a pesar de las restricciones legales.
Diego León Arango Goméz. Profesor titular y director del museo Universidad de Antioquia. Escribió este texto para Agenda Cultural Alma Máter.
La piel del dragón Huangpu es el eje de la vida comercial e industrial de la ciudad. Barcos, barquitas y barcazas se agitan en todas las direcciones, de día y de noche, con insumos de construcción, materias primas o manufacturadas, pasajeros o turistas; dan vida, agite y colorido a este gigantesco puerto fluvial. Pero en el lecho oscuro de sus aguas se mueven caudales secretos que la fachada moderna no logra disimular: el hambre, y una pobreza que no se queja, rondan la vida de millones de ciudadanos mal pagados, desempleados, campesinos o ancianos, que apenas se mantienen en pie y luchan por sobrevivir. Son el precio que paga China por