Agenda Cultural UdeA - Año 2011 JULIO | Seite 32

ISBN 0124-0854
N º 178 Julio de 2011

Una vida para disfrutarla,

no trabajarla

Yaoqi Tan

En al año 2002, en una entrevista, un extranjero me preguntó si quería viajar a Colombia para una capacitación laboral y para aprender español. Acepté sin pensar, pues había escuchado que el español es el idioma más bonito del mundo, es el idioma con el que se habla con Dios. Al llegar a la casa empecé a buscar en Internet sobre este país tan desconocido;“ droga”,“ guerra”..., las palabras asustadoras me entraron por los ojos, pero por no perder la oportunidad de la capacitación y del aprendizaje del idioma, tomé la decisión de arriesgarme. pajaritos y desde la calle sonaba la risa de la gente. La imagen del policía con un arma pesada y las palabras droga y guerra se iban alejando de mí, hasta que un día decidí salir con el vigilante de la casa. Di el primer paso fuera de la casa y lo que me recibió fue un amable saludo de un desconocido; le respondí, y empecé a conocer la ciudad.

La amabilidad, las sonrisas y la alegría de la gente me hicieron olvidar todo lo que se decía en Internet; hasta los policías con armas me saludaban, y me arrepentí de no haber salido antes, por creer en las tonterías de Internet.
En 2003 llegué a Medellín. Un carro nos recogió en el aeropuerto. Me asomé con curiosidad por la ventana del carro; lo que vi, me hizo temblar: un policía con un arma tan poderosa, que solamente podía verla en televisión.
Llegamos a la casa donde iríamos a vivir; decidí quedarme sin salir a ninguna parte. Así transcurrió una semana, pero el clima me iba convenciendo de salir a conocer la ciudad: todos los días escuchaba el canto de los
Recuerdo la primera vez que me invitaron a salir. Teníamos la cita a las 4 de la tarde; siguiendo mi cultura, llegué antes de las 4; empecé a esperar y sólo hasta las 4:30 llegaron los amigos. Ya estaba muy enojado, los regañé y les advertí que no lo aceptaría una segunda vez. Pero esto volvería a suceder casi con todo el mundo... y comprendí que era culpa mía porque la cultura es así y ante la cultura nadie tiene la culpa.