ISBN 0124-0854
N º 164 Abril de 2010 poesía, y el pueblo hacia el que tiendo todas mis raíces alimenta y ensancha mis ansias y mis cuerdas con el soplo cálido de sus movimientos nobles.
Los poetas somos viento del pueblo: nacemos para pasar soplando a través de sus poros y conducir sus ojos y sus sentimientos hacia las cumbres más hermosas. Hoy, este hoy de pasión, de vida, de muerte, nos empuja de un imponente modo a ti, a mí, a varios, hacia el pueblo. El pueblo espera a los poetas con la oreja y el alma tendidas al pie de cada siglo”. 3
Y así lo afirma en su poesía:
(…) No soy de un pueblo de bueyes, que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones, desfiladeros de águilas y cordilleras de toros con el orgullo en el asta. Nunca medraron los bueyes en los páramos de España.
¿ Quién habló de echar un yugo sobre el cuello de esta raza? ¿ Quién ha puesto al huracán jamás ni yugos ni trabas, ni quién al rayo detuvo prisionero en una jaula?(...)
Su poesía, Miguel( y ahora hablo de usted y con usted), nos sumerge en la garganta profunda de la tierra, de la noche, del dolor, de la vida … su poesía es ancla donde nuestra alma reposa para emprender de nuevo cada viaje, cada invitación que usted nos hace a detenernos en las cosas de siempre untadas de miseria o de grandeza, de dolores o dichas: la cebolla, las cabras, las guitarras, la yunta, el mes de mayo, la casa y la mujer, la tierra que nos nutre, el vientre mineral, fecundo, abrasador, con que el amor nos guarda.. Y siempre Miguel, siempre ese grito con las manos en alto, denunciando la tiranía y la crueldad humana, pero tan desde adentro, tan feroz y tiernamente, que no nos hundimos, por saber que su dolor y el nuestro, el de todos los hombres y el de España, es el que nos levanta en la esperanza, el que abre puertas y pinta su casa( no vacía), con el dolor, el asombro, la tristeza del mundo que sobre sus hombros como nadie usted llevaba …
Umbrío por la pena, casi bruno, porque la pena tizna cuando estalla, donde yo no me hallo no se halla hombre más apenado que ninguno …
3 HERNÁNDEZ, Miguel, Poesía, La Habana,
Editorial Arte y Literatura, 1976, p. 233.
Sus imágenes que son como estallidos de negrura, como piedras