ISBN 0124-0854
N º 160 Noviembre 2009
sólo podemos hablar de revolución cuando esté presente el pathos de la novedad y, siempre y cuando, se le asocie con la idea de libertad. Ello significa, por supuesto, que las revoluciones son algo más que simples sublevaciones victoriosas y“ que no podemos llamar a cualquier golpe de Estado revolución, ni identificar a ésta con una guerra civil”( Arendt, 1967: 41-42).
Ahora, mientras la rebelión o la revuelta son esencialmente movimientos populares, el golpe de Estado, en cambio, es efectuado por pocos hombres que ya forman parte de la élite. En consecuencia, se produce esencialmente en la cúspide. Lo cierto, en relación con la revolución, es que no puede proponerse desde arriba; debe ser impuesta necesariamente desde abajo.“ La reforma no conmociona las estructuras de base de la sociedad; antes, al contrario, preserva el interés persistente de las categorías dominantes: se afirma en los marcos de la sociedad existente a la que tiende a reforzar. La reforma no es una revolución proyectada a lo lejos en el tiempo; reforma y revolución no se distinguen por su duración, sino por su contenido”( Soboul, 1987: 50-51).
Liberada de los trastornos particulares y de las singularidades propias de otro tipo de acontecimientos, la revolución rompe todas sus cadenas y se presenta como una promesa sin fronteras, abierta a la universalización de sus luchas y conquistas. Representa una oportunidad única para que la historia pueda abrir sus puertas a la acción, a la construcción de espacio público entre individuos que se reúnen y deliberan como iguales. De esta manera, la revolución se vincula a la utopía inevitablemente. Sin embargo, este espectáculo trae consigo escenas repulsivas, por la incidencia de la violencia en el proceso revolucionario. Sobre este punto es necesario aclarar que el uso de la violencia en el ámbito de la política impone unos mínimos que legitiman el aprovechamiento de la misma. Por ello toda“ teoría revolucionaria” debería ocuparse de la justificación de la violencia 4, sobre todo en momentos en los que la consolidación de un orden político que propenda al el fortalecimiento de la libertad, parece depender de otras“ dinámicas”.