ISBN 0124-0854
N º 160 Noviembre 2009
nuevo cuerpo político, de proyectar la nueva forma de gobierno conlleva una profunda preocupación por la durabilidad y estabilidad de la nueva estructura”, y por el otro, es menester“ conservar el espíritu que siempre ha acompañado el nacimiento de algo nuevo en la tierra”( Arendt, 1967: 230). La fragilidad de la revolución misma explica, de algún modo, la consubstancialidad de estos elementos aparentemente opuestos.
Comprender la revolución Del día de la toma a La Bastilla procede una anécdota que nos permite constatar la fuerte significación simbólica de la palabra revolución:“ La fecha fue el catorce de julio de 1789 cuando Luis XVI se enteró por el duque de la Rochefoucauld-Liancourt de la liberación de algunos presos *…+ y la defección de las tropas reales ante un ataque del pueblo. El famoso dialogo que se cruzó entre el rey y su mensajero es muy breve y revelador. Según se dice, el rey exclamó:“‘ C ´ est une révolte?’, a lo que respondió Liancourt:‘ Non, Sire, c ´ est une révolution!’”( Ibid.: 54).
Esto nos lleva a distinguir la revolución de la revuelta. Creo que hay algunos elementos que nos permiten diferenciarlos. En primer lugar, la revuelta está generalmente limitada a un área geográfica circunscrita, carece en general de motivaciones de tipo ideológico y no propugna una supresión total del orden constituido, sino más bien un retorno a principios que antes habían regulado las relaciones de tipo político. También, muchas veces, su objetivo es buscar reivindicaciones sociales y económicas que ya se han tenido anteriormente. La revolución, siempre emparejada con una“ teoría revolucionaria”, busca producir un trastorno profundo en las estructuras de la sociedad, interpretando previamente las razones o las causas que explican el inevitable aceleramiento de los factores históricos básicos y la imperiosa necesidad de superar las situaciones de apremio, alineación y supresión mantenidas hasta ese entonces.
Incluso podemos distinguir entre revolución y golpe de Estado, ya que éste último“ se configura como la tentativa de sustituir las autoridades políticas existentes en el
interior del marco institucional”( Bobbio, 2002). Hannah Arendt también recuerda que