Agenda Cultural UdeA - Año 2009 NOVIEMBRE | Page 69

ISBN 0124-0854
N º 160 Noviembre 2009
Toda reflexión sobre una revolución posible es difícil de evaluar y actualmente son muy pocas las personas que investigan en esta dirección. Claro está que una palabra tan imprecisa como revolución se presta, como en algún momento se pensó, para aplicarse a acontecimientos como las conquistas de poder lideradas por Hitler y Mussolini3, en las que no se le quitó el poder a una clase para entregárselo a otra( Brinton, 1942: 291-294), en las que el“ enfermo” no sale, en ciertos aspectos, más fuerte de la prueba a la que se le somete. Lo cierto es que no podemos moralizar demasiado( las revoluciones no son buenas o malas en sí mismas), ya que la práctica de las revoluciones lleva marcas que pueden muchas veces traicionar el espíritu de los hombres y mujeres que pusieron en juego sus esperanzas y sacrificaron su vida para la consecución de los ideales revolucionarios. Después de todo, no quiero conducir mi análisis a una lectura maniquea de la revolución.
Ahora, la revolución ante todo es un gran espectáculo, al que los hombres temen, estupefactos ante la impresión que provoca la irrupción imprevista de un pueblo que se levanta para destruir a la tiranía. Las experiencias desencadenadas, por ejemplo, en la Revolución Francesa, con un pueblo arrojado a un“ estado de naturaleza”, no permitían dudar de la posibilidad de que la potencia multiplicada de una multitud podía estallar con una intensidad tal, que sería capaz de barrer contra el poder institucionalizado y controlado por el Ancien Régime.“ Ya nada será como antes, porque el simple hecho de que la Revolución haya tenido lugar y de que el viejo mundo se haya derrumbado tan rápidamente, produce una modificación vigorosa de los significados negligentemente propuestos por el siglo XVIII”( Furet y Ozouf, 1989: 693).
El dilema se presenta cuando los revolucionarios que lograron conquistar el poder, y lo administran por sí mismos, se demuestran incapaces de proceder a una transformación radical del marco político institucional y de las relaciones socioeconómicas, debido a su debilidad subjetiva o a causa de condiciones objetivas que les son desfavorables. Este problema se presenta, en principio, por la confluencia de dos elementos en apariencia contradictorios: por un lado“ el acto de fundar un