ISBN 0124-0854
N º 160 Noviembre 2009
comprendida, sin necesidad de que se le relacione con un nivel más“ profundo” del“ conocimiento”, sea de naturaleza económica, social o ideológica. En consecuencia, como ocurre siempre en el terreno de la historia, soy consciente de que en ella no existen definiciones que puedan aplicarse a contextos cronológicamente diversos, a no ser que recurramos a la analogía. No obstante, la idea de buscar referencias espaciotemporales, precisamente para poder caracterizar y enmarcar la importancia del término revolución, debería ayudarnos a entender mejor el fenómeno que estudiamos aquí: la Revolución Francesa 2.
Por otro lado, parece que hoy asistimos en el mundo entero a una multiplicación de“ movimientos revolucionarios”. La publicidad, igualmente, hace gran uso del término revolución: se habla de revolución en la educación, en la técnica, en el arte, y hasta en la moda. La revolución no es ya un fenómeno amenazante, capaz de trastornar y refundar a la humanidad; hoy, por el contrario, parece ser que cuanto más se habla de ella en una sociedad, más nos convencemos de que realmente no existe tal. La declaración verbal está destinada a compensar la ausencia de algo que no se desea. ¿ Cómo se puede concebir entonces una revolución en nuestra sociedad?
Jacques Louis David, El juramento del juego de la pelota, 1971, Museo Nacional del Castillo de Versalles