Agenda Cultural UdeA - Año 2009 MAYO | Seite 8

N º 154 Mayo de 2009
ISBN 0124-0854

N º 154 Mayo de 2009

Hopkins lo decía muy bonito:“ Enardecida por la emoción”.
Sí, está muy bien dicho. La búsqueda de un ritmo esencial del lenguaje es el trabajo del poeta, porque a través de éste se logra la mayor expresividad de la lengua. No me refiero a la poesía melodiosa, claro, sino a ese ritmo esencial que hay en la vibración poética.
Hablemos de la música del poema, a partir de eso que acaba de plantear. Usted afirma:“ ni siquiera he estado ja más seguro de que la estricta melodía fuese esencial a la invención poética”. Es que no se puede confundir el ritmo de la poesía con el sonsonete. El sonsonete es horrible, esa métrica y esa rima buscadas a toda costa. Pero en todo lenguaje, incluso en el lenguaje de la prosa, existe un ritmo básico, un ritmo esencial. Ese ritmo esencial, cargado de la mayor expresividad, es el que tiene que encontrar el poeta.
En su poesía siempre ha habido verso libre, desde que era jovencísimo...
Sí, sí. A mí me chocan mucho las formas tradicionales. Respeto el trabajo que se hace con esas formas pero creo que limitan mucho la expresividad de la poesía.
Y quizás no son acordes con una sensibilidad más con temporánea...
Yo no las creo acordes con la sensibilidad contemporánea. Creo que desde el modernismo la poesía, el tra bajo poético, ha perseguido mucho la libertad del poema.
Y en medio de la sugerencia yo encuentro que su poesía es poderosamente erótica. ¿ Usted cree lo mismo? No. Y no es erótica, te voy a decir por qué: porque a la poesía erótica yo le doy un rango menor. Yo creo más en la presencia del amor que en lo puramente carnal, erótico, que a mí me parece un género un poco menor de la poesía.
Quizá hablamos, entonces, en un sentido distinto de lo erótico. Para mí lo erótico no es exclusivamente carnal...
En la poesía amorosa yo entiendo un predominio del sentimiento amoroso, lo cual no excluye el deseo sexual. Pero en la poesía erótica yo veo que hay una carga del deseo sexual con el propósito de causar el mayor impacto entre ciertos lectores, que no son los lectores habituales de la poesía.
Un cierto efectismo, entonces...