Agenda Cultural UdeA - Año 2009 FEBRERO | Page 16

ISBN 0124-0854
N º 151 Febrero de 2009
matar se depuran en los desmembramientos y en la precisión con que despliega el poder que encarna su moral: formas de matar tecnificadas, desaparecen las riñas con puñales y en la ciudad surge la guerra sofisticada que señala la ruptura con el pasado idealizado de la tranquilidad, pregonada por los discursos oficiales que pensaron a Medellín como la ciudad de la“ eterna primavera”. Con la tecnificación del asesinato, el héroe urbano muestra su justicia implacable. Con ello establece un poder alterno al del Estado y al de la institucionalidad política.
Se narran anécdotas en las que el héroe se convierte en justiciero; en tal sentido, la rapidez y el rigor en el ejercicio de la justicia, la presteza y la ecuanimidad en el poder se leen de dos maneras: la bondad con los que le siguen y la implacable y cruda venganza con quienes le traicionan. El“ narco” que adquiere un estatus social y económico, no desperdicia la oportunidad de convertirse en benefactor con los que lo rodean. Dándose un aura de hombre generoso mantiene la incondicionalidad de los suyos, pero sus estrictos códigos de supervivencia y de hombría tienen prohibida una palabra: la delación. El informante se muere.
Todo héroe configura su cuerpo como un espacio de representación, y si bien el héroe del que se habla no tiene capa, espada o escudo, su cuerpo es evidencia de poder: ropa, costumbres, armas, autos, moda, colores … que le identifican entre los suyos y que le muestran públicamente. El dinero le brinda la posibilidad de tener cuanto quiere, de diseñar los objetos que desea, el cuerpo que sueña o los espacios que habita; allí se escenifica, de manera cotidiana, su poder; en los objetos que posee se leen el éxito y potestad adquiridos; sirven también como mecanismo de diferenciación del resto del grupo, que no ha llegado hasta donde el héroe lo ha hecho. La necesidad de poseer atuendos llamativos que los hagan visibles a los otros se ejemplifica en la siguiente cita:
Era bien pintoresco, siempre iba en busca de ropa lo más estrafalaria posible. Un día nos compró una chaqueta horrible, llena de colorines y con incrustaciones de cuero, y para colmo de males la chaqueta era de mujer. Nos dijo que la compraba porque nunca iba a poder reponer una chaqueta muy linda que tenía lucecitas y que funcionaba con pilas( Escamilla, 2002, p. 144).
Paradójicamente, mientras se hunde en el suelo étnico, el héroe urbano es un nómada que se mueve en
las calles de cualquier ciudad del mundo; se le reconoce porque ha viajado, porque ha traspasado las