ISBN 0124-0854
N º 151 Febrero de 2009
la oscuridad de su pasado para edificar el mito heroico que le acompaña:“ Aquí uno pasa por ser rico … Donde uno no es conocido de nada vale que lo admiren”( Molano, 1999, p. 27).
La raigambre étnica hace que éste no se vea como“ hombre” en el sentido universal, sino“ este hombre”, en sentido particular, conocido por los vecinos, los muchachos de la cuadra o los antiguos compañeros de colegio; tiene nombre y rostro propios, lugares que le pertenecen: la casa donde creció, la calle en la que jugó. Recordar la oscura procedencia permite exaltar los logros alcanzados que le ubicaron por encima de los suyos. La narración del heroísmo no tiene sentido si no se contrasta con la narración que evoca la sencillez del origen.
El territorio étnico recuerda los oscuros orígenes y es la dualidad que contrasta con el poder alcanzado; rememora su ascenso, lo hunde en el espacio arquitectónico para moverse en los campos de un mundo que no le pertenece, pero que ha conquistado. Por su raigambre étnica el héroe concede un valor supremo a la familia: padres, hijos y hermanos, que a la postre pueden ser su debilidad; a ellos no los sacrifica y es por ellos que se justifican sus procederes. En los afectos familiares está el punto más débil de su condición, sabe que ellos serán los que tengan que sufrir cuando las venganzas se desaten.
Pese a que se ha dicho que el héroe urbano instaura su ley y se mueve dentro de rígidos códigos de lealtad y justicia, vale la pena dejar en claro que, aunque estos sean los mismos valores que se han impuesto en los modelos institucionales, el héroe del que se habla los ha personalizado y los hace cumplir dentro de su grupo. Nada más grave que quebrantar su precepto, que es a la vez su flaqueza, pues si bien hoy puede regentar las formas del orden que instaura, mañana puede ser víctima de ellas; podrán venir otros a reclamar las infracciones y las faltas. Ahí reside su tragedia: la vida es una ruleta rusa que se mueve al ritmo de las voluntades de otros que son como él y que reclaman para sí aquello que él mismo proclama y defiende. Estos movimientos le obligan a ejercer la justicia con toda la crudeza de que es capaz, pues su instrumentalización tiene que ser ejemplificante para aquellos que pueden transgredirla, que están detrás tratando de usurpar y de reemplazar su lugar.
El escenario de lucha es la ciudad. Ella es el referente obligado de su existencia; deambula por los espacios citadinos en donde muestra la victoria conquistada por el esfuerzo personal, que lo enfrenta a variados retos. Así mismo, el cuerpo del héroe urbano se convierte en prueba de poder y en él queda marcado el ejercicio de la justicia en sentido ejemplificante; no es suficiente su muerte, las técnicas de