ISBN 0124-0854
N º 149 Noviembre de 2008 desiertos de la disciplina, nos sentimos más atraídos por la segunda parte, o sea por el retorno de la ciudad de los dioses, por el regreso del mundo de las ideas a la vieja caverna, con el propósito, dice Platón, de hacer partícipes a quienes se quedaron sobre las bondades de las ideas, del conocimiento y del saber y de su necesidad para lograr por fin la utopía de la óptima república. El viaje de retorno según Platón, es tan azaroso y tan difícil como el de ida, pues para quienes se atrevieron a abandonar el mundo de las sombras, resulta insufrible abandonar ese lugar armónico, coherente y perfecto donde reinan las ideas, donde se convive con la verdad, donde se respira el aire de la sabiduría, donde ninguna sombra parece inquietar esa vida contemplativa, tan grata para aquellos espíritus que se acostumbraron a la luz y a mirar el mundo desde las alturas, para tener que enfrentarse de nuevo con las miserias y las mezquindades de la vida natural.
Este doble imperativo de Platón, de volver a la vivienda de los demás y ver en la oscuridad, le otorga al mito un sentido de actualidad que bien vale la pena explorar en sus múltiples direcciones. Volver, pensaba Platón, significa contribuir a la creación del mundo de los hombres, hacerlos partícipes a todos ellos del conocimiento y el saber, difundir las ideas de justicia y de bien, tarea asignada por el autor a los más sabios y a los mejores y en lo fundamental, fundar el Estado y crear el espacio de la política. Enfrentarse al aparente caos de la vida social y establecer un orden que permitiese la convivencia y la justicia mediante la Ley y la acción política, o sea a través de la participación de los hombres, convertidos en ciudadanos, en los destinos comunes y colectivos.
La salida de la caverna y el retorno a la Polis ilustran el periplo y los avatares de un saber muy viejo y de una ciencia muy nueva; establecen también el sentido y el quehacer de