ISBN 0124-0854
N º 143 Mayo 2008
Exactamente eso se aplica a la arquitectura: si nos alejamos un poco del contenido de la vitrina, apreciamos que ésta seguramente gana proporciones, pero se reduce a un marco muy discreto, rectilíneo y a un vidrio total sin particiones, rectangular y vertical, magnificando las proporciones de la figura humana. Se hace uso así de los grandes ventanales, un elemento importante de la arquitectura minimalista, además de los pisos planos muy lisos, de los cielos horizontales blancos, sin molduras ni bastidores, pero ahí, entre cielos y pisos se invita al espectador a asumir una suerte de actitud cómplice y lúdica con un espacio que logra ser dinámico gracias a los volúmenes definidos.
En esta arquitectura, las puertas y vanos de comunicación son elementos esbeltos, de líneas puras, rectangulares, donde predomina
casi siempre una de las dos dimensiones; no se ven arcos simples ni de medio punto, ni formas caprichosas, ni floridas. En el caso de los enchapes, en pisos y paredes, el formato se agranda al máximo para disminuir las juntas que dan un efecto visual fraccionado.
Los espejos flotan en el aire mágicamente sin siquiera un marco que los soporte, desafiando la gravedad con sus grandes proporciones. El mobiliario en general se hace en madera natural con superficies muy lisas, con una que otra dilatación que articule los grandes volúmenes. Y en cuanto a los muros, son protagonistas silenciosos del espacio: sólidos, magníficos, blancos, hacen las veces de telón donde actúan con brillo los pocos elementos que componen esta expresión arquitectónica.