ISBN 0124-0854
N º 143 Mayo 2008 campo de color suspendido. Desde el punto de vista estadounidense, la pintura de los artistas mencionados se había emancipado claramente de la tradición europea en sus aspectos formales. Aunque esas obras podían percibirse aún como espacios de color subjetivos que reflejaban la voluntad expresiva del autor, al mismo tiempo negaban los métodos de composición tradicionales.
Cuando surgieron esos trabajos a finales de la década de 1940 no existía ningún marco teórico para su valoración, así que el lenguaje crítico adecuado tuvo que desarrollarse de forma simultánea. De esa tarea se encargó el crítico Clement Greenberg junto con algunos colegas, como Harold Rosenberg y Meyer Schapiro, quienes en numerosos ensayos trataron de delimitar desde el punto de vista de la teoría del arte las novedosas abstracciones. Mientras que Rosenberg centraba sus reflexiones en el acto creativo subjetivo del artista con todas sus consecuencias, Clement Greenberg reducía sus argumentos a un ámbito estrictamente formalista; entusiasmado por la inmediata actualidad de los nuevos cuadros, desarrolló en pocos años una de las teorías más influyentes de la modernidad, en especial en lo referente a la pintura. En la década de 1950, sus argumentaciones, que dominaron rápidamente la recepción de la abstracción americana, contribuyeron a través de las reseñas que publicaba con regularidad a la exitosa instauración de ciertas posiciones
pictóricas. Las teorías de Greenberg sirvieron a muchos de los artistas minimalistas como punto de partida y matriz de un posicionamiento crítico.
En sintonía evidente con la teoría del conocimiento del filósofo Immanuel Kant( 1724-1804), Greenberg opinaba que el deber de todo género artístico es cuestionar sus propios fundamentos para así definir y determinar sus características intrínsecas. El concepto: del all-over— una superficie plana cubierta de pigmento, la aplicación uniforme del color hasta los límites mismos del lienzo en el que no destacaba ninguna zona en especial para acentuar su carácter bidimensional— le pareció el más adecuado para poner al descubierto la esencia de la pintura. Había que evitar cualquier tipo de ilusionismo y desde un principio considerar la pintura figurativa como insuficiente comparativamente hablando.
La contemplación del arte desde un punto de vista meramente formalista, que caracterizaba a Greenberg, se convertiría después en una de las más importantes dianas de la crítica minimalista. Sin embargo, la ruptura a la Greenberg del arte minimalista con la modernidad se produjo más bien a través del análisis del carácter normativo de su estética y de la teoría de la recepción, sólo tratada de forma parcial, que parecía basarse en la idea de que de las obras de arte emanaba inexplicablemente un significado que unos